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domingo, 8 de noviembre de 2015

Dar el pecho no es lo mejor, por la Doctora Ibone Olza


                                                                           

 

Hace tiempo ya que tengo deseos e intención de escribir sobre la “obligación aparente de dar el pecho”, y el sentimiento de culpa que puede surgirle a una madre, deseosa de hacerlo, cuando nazca su bebé, y que finalmente, por el motivo que sea, no logra hacerlo. Pero también, de aquellas mamás que "eligen" no hacerlo (en ocasiones sintiéndose obligadas a dar el biberón, por las dificultades diversas, como las laborales, para dar el pecho a su bebé), o porque les supone una dificultad personal o emocional (por cualquier causa).
Pensaba en cómo redactarlo, con la mayor sensibilidad y mi sentido respeto hacia TODAS las madres, no sólo hacia un grupo de éstas, tanto las que dan el pecho, como las que no lo han dado ( reitero, ¡¡ por el motivo que sea !!: por elección propia o por dificultades alrededor de la lactancia).
Recuerdo como una colega me relataba que en un grupo de asesoramiento sobre crianza (asociado a una reconocida clínica de maternidad, que ofrecía “partos respetados”), al que asistía, las madres que no daban el pecho sentían cierto rechazo, y acababan dejándolo.
Hace años, cuando aún mi hija Sara no había nacido, comencé a interesarme por la lactancia materna. Deseaba fervientemente dar el pecho a mi futuro/a hijo/a. Leí, me informé, y finalmente cuando mi hija estaba cerca de nacer,  adquirí posibles herramientas que pudieran ayudarme si surgiesen dificultades (sabiendo o creyendo, que por vivir en un país extranjero, éstas complicaciones pudiera ser que tuviese que ser yo misma quién satisfaciera la forma de solucionarlas, al menos inicialmente).
Mi hija nació, …, sin embargo no pude darle el pecho. Aquello me produjo mucha tristeza, y apareció el sentimiento de culpa que os nombraba. “Lo intenté todo”, me decía, “lo estoy haciendo bien, le estoy dando el biberón como si del pecho se tratara” (hablo de ello en una entrada de este blog, en 2012, y que  titulé así “Dar el biberóncomo si fuera el pecho”. Esto último me ayudó, pero no fue hasta que lo trabajé terapéuticamente, con mi comadrona que pude trabajarme ese sentimiento de culpa, afrontarlo abiertamente y elaborarlo, así  éste desapareció, dejándome  libre de ser la madre de mi hija tal y como lo estaba siendo, "sin taras supuestas" en mi maternidad.
Quiero aclarar algo que considero sumamente  relevante, que es sólo una pequeña muestra de la altísima calidad en la atención sanitaria en Suiza (como he podido comprobar, especialmente, en materia de maternidad, con mujeres embarazadas y con los menores). En este país, después del parto viene una comadrona a asistirte a casa, para supervisar la evolución de la madre, la relación de la mamá con su bebé, solucionarte posibles dudas, asesorarte, apoyarte y acompañarte, algo que es una grandísima ayuda, y que sería formidable se instalara en el servicio de salud español). Y que “casualmente” (no creo en las casualidades, …, sino en que las cosas suceden por/para algo)  en mi caso, mi comadrona era una gran mujer, no sólo profesional, una luchadora inmigrante, que había conseguido ejercer su profesión en un país que no es el suyo, y que además era terapeuta de traumas por parto, usando el método EMDR, lo que fue una algo totalmente significativo en mi historia con mi niña, y por tanto, para nuestra familia.
Así que … no es casual que en Suiza haya una Asociación de Psicología Perinatal, como ya me informé, a través de la AEPP (Asociación Española de Psicología Perinatal) antes de venirnos a vivir a nuestro país de acogida.  Esto es una muestra más de su gran calidad en la atención a la mujer embarazada y a los niños, como os decía.

 
… Y volviendo a lo que os nombraba de hablar sobre mi deseo de escribir sobre “dar el pecho”. Una persona muy relevante para mí, a quién quiero mucho, me dijo “Mar, tranquila, …, déjalo ir, dar el pecho en ocasiones está como convertido en lo único, lo mejor, de alguna forma sobrevalorado, en el sentido de que si no lo das, parece que estés haciendo algo mal como madre, que le estás robando algo a tu hijo/a, pero mírala, Sara es feliz”… Y así era, así es, sólo había que ver lo alegre que era, es, desde bien bebé, su carita de felicidad, de satisfacción.
Parece que una madre que no ha dado el pecho, y lo deseaba, o sin desearlo pero escuchando siempre el mensaje de que “dar el pecho es lo mejor” (¿por tanto también las madres que lo dan son las mejores, y las que no son “malas”?) tiene que perdonarse, porque aunque lo haya intentado todo, no lo ha conseguido, ni aún con ayuda (debido a determinadas circunstancias, por ejemplo).  O, si ha elegido no hacerlo, por el motivo que sea, entonces, quizás, sin ni darse cuenta del todo, cargue con cierto sentimiento de culpa, que pueda costarle incluso reconocerse, si esto le causa dolor, llevándole a sentir en ocasiones que entonces   "es peor”, porque “ni siquiera lo ha intentado”, “porque ha decidido ser egoísta y no ha primado lo que supuestamente era mejor para su hija/o…”.
Esas primeras semanas, incluso meses, tenía presente el ejemplo de una gran colega, y mejor madre, que había criado a sus tres hijos, sin darle el pecho ( el qué había pasado tras esta "supuesta decisión" no lo hablamos profundamente hasta después de nacer Sara, al hablarle de mis propias dificultades; hablar "en voz alta" de estas dificultades de la maternidad, en el puerperio, reconocerlas, no es fácil...como dice Ibone Olza ), y cuya relación con ellos era/es magnífica… Recordar esto, y que estaba dando el biberón, como si fuera el pecho, me ayudaba.
Finalmente, tras esos encuentros terapéuticos con mi comadrona, mi culpa, al trabajarla, desapareció, lo que me hizo  sentirme COMPLETA como madre. ¡¡ Gracias Gara !!, como ya te he dicho desde lo más profundo de mi ser, pues me ayudaste a ser la madre que deseaba, con tu apoyo. No una madre "reducida" porque a pesar de mi amor, de querer lo mejor para ella, yo no había podido hacerlo, fuiste una gran facilitadora de la sensación de restaurar mi respeto a mi cuerpo, de sentir "que nada estaba mal en mí" , me ayudaste  en mis darme cuenta, a sacar esa tristeza de mí y volver a sentirme verdaderamente feliz, lo que sí fue significativo para mí, mi pequeña, y nuestra familia, frente a mi anterior sentimiento de carencia.
Así que, cuando hoy mismo he leído un artículo de Ibone Olza, que me ha encantado, maravillado, pues es como si explicase todo aquello que siento, y quería plasmar en mi entrada,  que no terminaba de saber cómo hacerlo (especialmente porque no quería dañar la sensibilidad de ninguna madre, no quería dividir a las madres, ni enfrentar a éstas) he decidido inmediatamente compartirlo en mi blog, pues considero totalmente necesario su reproducción, que llegue a todas las mujeres embarazadas, y a madres que aún no han restaurado o elaborado este episodio de su vida, que quizás pudo ser una "pérdida" para ellas en su maternidad. Por ello reproduzco estas palabras de la Doctora Ibone Olza, “como si fueran mías”, en el sentido de que me siento totalmente representada en sus palabras, en lo que siento y pienso, como si fueran totalmente mías:
Desde luego que angustiar o amenazar a las madres que optan por no dar el pecho no es la manera de promover la lactancia materna, sino más bien de enfrentar y dividir una vez más al colectivo de mujeres madres y probablemente a la sociedad. Dar el pecho no es lo mejor, pero sí lo normal (como bien dice en su blog la lactivista Patricia López Izquierdo ). La leche materna es el mejor alimento para los más pequeños, pero dar el pecho no es siempre lo mejor: a veces, por desgracia, es lo más difícil”.
“…defender y apoyar la lactancia materna: ser lactivista. Pero no como sacrificio ni como martirio, sino como fuente de placer y bienestar… Por gusto, por salud, por disfrute”. “La leche materna es el mejor alimento para los bebés, pero dar el pecho no es siempre lo mejor”.
 La doctora nombra alguna de las dificultades asociadas en determinadas problemáticas, que hacen muy complejo y en ocasiones llega a imposibilitar dar el pecho a tu hijo/a, aunque no especifica otras como posibles problemas de salud de la madre, o estrés psicológico de ésta (asociado a problemas en el embarazo, la gestación, el parto, o en el bebé tras nacer éste).
Si todas esas madres considerasen la lactancia materna como la única buena opción para “darles los mejor” a sus hijos, a nivel emocional (ya no sólo alimenticio), estaríamos añadiéndoles una presión a su ya quizás estado psicológico-emocional complicado en esos momentos tan difíciles para ellas (y para los padres) y dificultando aún más que la dar el pecho sea aún más una labor muy estresante para la madre. Provocando que lo supuestamente mejor para el bebé no lo sea, pues lo realmente sano para éste, no depende del tipo de lactancia que se le dé, sino de la relación que se cree entre la díada mamá-bebé, y ésta puede ser muy saludable aún si no se le da el pecho (siempre que esa relación sea cuidada por la madre así como respetada por el entorno que rodea a ésta, tanto familiar como por los profesionales que la supervisan).
Así lo sentí yo, en el ámbito tanto del hospital, por todos sus excelentes profesionales, como después en casa, por mi magnífica matrona, que estuvo apoyándome, sosteniéndome, conteniéndome, en todo momento, ante mi deseo   de dar el pecho, durante semanas, hasta llegar a hacerlo igualmente, cuando tras éste intento , me ayudó a aceptar mi imposibilidad para hacerlo, y a transcurrir a la nueva decisión de darle el biberón, como si fuera el pecho, como había hecho hasta ese momento, pero ahora ya como algo “definitivo” (no intentándolo compaginar con  darle el pecho previamente, en cada toma). Mi sentimiento de culpa porque “algo no funcionaba bien en mí, en mi cuerpo” era algo que no estaba asociado al magnífico trato que recibí, ni a toda la ayuda, sino en gran parte a mi experiencia por tres embarazos previos en los que había perdido a mis amados hijos, y que continuó tras el parto, por esta gran frustración de sentir que me estaba perdiendo toda la experiencia de darle el pecho a mi hija, y no poder darle a ella “lo mejor”.
Así que no fue hasta superado este episodio, que pude darme cuenta, y ser del todo consciente, que la manera tan amorosa en que estaba dando el biberón a mi niña, como si fuera el pecho, estaba siendo igualmente maravilloso para nosotras, para mi hija y para mí, en cada toma, y cómo con estos preciosos encuentros, estábamos creando también nuestra bonita relación, …, hasta que posteriormente descubrí que el vínculo que habíamos coconstruido, juntas, era  inicialmente gracias a esta vivencia, y al magnífico apoyo de mi marido para hacerlo.
 
 
 
Os recomiendo  la lectura del artículo “El pecho no es lo mejor” , de la Doctora Ibone Olza, que os reescribo en su totalidad a continuación.

(Este texto es el primer capítulo de mi libro Lactivista, publicado por la editorial ObStare en 2013. Estaba colgado en otro blog pero hasta ahora no lo había publicado aquí. He considerado que era el momento de colgarlo, tras leer en los últimos tiempos algunos textos sobre el tema con títulos lamentables).

Hay madres que han intentado amamantar y lo han dejado a la semana del parto, con grietas en los pezones y dolor en el alma. Madres seropositivas que han optado por la lactancia artificial para excluir por completo la posibilidad de transmitir el VIH a sus bebés por la leche. Madres que sufrieron abusos sexuales en su infancia y a las que la sola idea de que el bebé succione su pecho les produce un profundo malestar. Madres anoréxicas o bulímicas a las que alimentar a sus bebés les supondrá un esfuerzo gigantesco y tal vez una recaída. Madres que son maltratadas en sus partos y que salen del paritorio anuladas y sin ninguna energía para poder sostener a sus bebés. Madres que adoptan y madres que consiguen serlo tras haber superado un cáncer.

 Son infinitas las razones por las que una madre puede decidir no amamantar y cada una de ellas merece el máximo respeto. Lo que verdaderamente necesitan todos los recién nacidos sin excepción es sentirse queridos, no sólo por sus madres sino por toda una familia o comunidad. Las madres siempre necesitan respeto, apoyo y reconocimiento.

Si amamantar se convierte en una obligación o en un mandato, apaga y vámonos. Si hay madres que se sienten criticadas, juzgadas o rechazadas por decidir no amamantar lo estamos haciendo mal las y los que defendemos las bondades de la lactancia materna. Cada madre sabe qué es lo mejor para ella y para su bebé. Las circunstancias pueden ser tremendamente complejas. Ha llegado el momento de que hagamos una reflexión profunda. El mensaje que estamos dando los que promovemos la lactancia debe ser cambiado, o al menos matizado.

Como lactivista me preocupa mucho que la defensa de la lactancia materna pueda hacer que las madres que no han dado el pecho se sientan mal, culpabilizadas o angustiadas por la salud de sus hijos e hijas. Decir que el pecho es lo mejor es señalar o culpabilizar de alguna forma a las madres que no optan por el amamantamiento. Cuando ponemos el superlativo, lo mejor, damos en cierto modo a entender por la disyuntiva que no darlo es lo peor. ¿Qué madre no quiere lo mejor para su bebé? En ocasiones lo mejor es enemigo de lo bueno.

 Entre el 2004 y el 2006 la agencia pública de Salud de la Mujer del Departamento de Salud estadounidense lanzó una agresiva campaña para promover la lactancia materna. Se centraba en alertar los riesgos de la lactancia artificial. La campaña se difundió en todos los medios y llegó a incluir imágenes de mujeres embarazadas subidas a un toro mecánico con el titular: “Nunca correrías esos riesgos embarazada, ¿por qué hacerlo una vez que el bebé ha nacido?” Joan B. Wolf, profesora de estudios de género en la Universidad de Texas realizó un análisis muy crítico de la campaña. Para ella esta se incluía en algo más amplio: la presión para la “maternidad total”. Una especie de código moral que presiona a las madres para que sean expertas en todo, en cada una de las dimensiones de la vida de sus bebés, comenzando desde el útero, renunciando a su individualidad o quedando reducidas a meras sirvientas cuya tarea principal consiste en proteger a sus criaturas de todos los riesgos. Wolf se preguntaba además si era ético provocar miedo y ansiedad a las madres para intentar que amamanten y cuestionaba las, según ella, presuntas ventajas de la lactancia materna, criticando la metodología de los estudios que le parecían poco rigurosos (Wolf, 2007).

Desde luego que angustiar o amenazar a las madres que optan por no dar el pecho no es la manera de promover la lactancia materna, sino más bien de enfrentar y dividir una vez más al colectivo de mujeres madres y probablemente a la sociedad. Dar el pecho no es lo mejor, pero sí lo normal (como bien dice en su blog la lactivista Patricia López Izquierdo ). La leche materna es el mejor alimento para los más pequeños, pero dar el pecho no es siempre lo mejor: a veces, por desgracia, es lo más difícil.

Hay un grupo de apoyo en internet para las madres que optan por la lactancia artificial. “Fearless Formula Feeder” es un grupo de apoyo en la alimentación de lactante, fundado por Suzanne Barston. Merece la pena escuchar a las madres que dan el biberón, como se han sentido juzgadas por algunos profesionales sanitarios o avergonzadas al dar el biberón en según qué lugares.

El problema es que hay muchos intereses ocultos que pueden condicionar la libre elección de las madres. El negocio que supone para la industria farmacéutica y alimentaria el mercado de la lactancia artificial es incalculable. Y esa industria tiene unos tentáculos alargados que llegan mucho más lejos de lo que se podría imaginar, de maneras invisibles o sutiles.

Para empezar, el negocio de la leche de fórmula campó a sus anchas durante la segunda mitad del siglo pasado erradicando casi por completo la cultura tradicional del amamantamiento.
“Formula feeding is the longest lasting uncontrolled experiment lacking informed consent in the history of medicine.”

O lo que es lo mismo: la lactancia artificial es el experimento más duradero sin grupo control ni consentimiento informado en la historia de la medicina. La frase es de Frank Oski (1932-1996), que fue catedrático de pediatría de la John Hospkins y editor de la prestigiosa revista Pediatrics. Todavía a día de hoy es difícil conocer las consecuencias a largo plazo de la introducción masiva de la lactancia artificial como manera de alimentar a los bebés a partir de los años cincuenta y sesenta en el mundo occidental.

 Eso generó que actualmente sean una minoría las mujeres adultas que han sido amamantadas en su infancia o que han visto lactancias gozosas en su entorno. Amamantar es mucho más fácil si has crecido viendo a muchos bebés y niños o niñas tomando el pecho en cualquier lugar, a todas horas y de cualquier manera. Intentarlo sin haber conocido de cerca otras lactancias puede ser muy difícil.
Por otra parte, aunque a menudo se ha mencionado la introducción de la lactancia artificial como uno de los avances que permitió a muchas mujeres la incorporación al mercado laboral, en realidad este supuesto avance tiene poco de liberación, y mucho de sumisión a una lógica capitalista que actúa en contra de los deseos de madres y criaturas.

Paradójicamente conforme avanzó la liberación de la mujer se incrementó la presión sobre el cuerpo de las mujeres. Lo que seguramente no tenga tanto de paradoja y sí mucho de lógica. Se trata más bien de un desplazamiento de la presión que la hace más sutil e invisible: ahora somos nosotras mismas las que interiorizamos y ejercemos la presión dañando “libremente” nuestros cuerpos. Como dice la feminista Naomi Wolf, “la dieta es el sedante más potente de la historia de las mujeres”. Y así en este mundo prácticamente todas las mujeres estamos expuestas diariamente a imágenes y mensajes que nos recuerdan que más delgadas, más altas, más rubias, más blancas, con menos pelos y menos arrugas estaríamos mejor…¿Quién puede pensar que en semejante contexto una elección como no dar el pecho sea siempre un acto de libertad? ¿Es realmente libre la mujer que elige ponerse implantes de silicona en el pecho para sentirse mejor, más aceptada o más deseada?¿O está por el contrario totalmente sometida a una cultura alienante que la anula diariamente de diversas formas sutiles y perversas? (Hablando de perversión, merecería la pena mencionar a los médicos que en vez de respetar el principio de no hacer daño de la medicina (“Primum non noccere”) operan a mujeres totalmente sanas recortando, amputando, mutilando o plastificando las carnes de sus órganos sexuales, ya sean los pechos o incluso los genitales externos).

 Sueño con un mundo en el que ninguna mujer odie su cuerpo. La presión actual sobre los cuerpos de las mujeres se ensaña especialmente con las madres: debemos borrar las huellas del embarazo cuanto antes de nuestros cuerpos.

 Ser madre hoy en día, en esta sociedad patriarcal y capitalista no es nada fácil. La presión, como decía, es brutal y al mismo tiempo invisible. Las portadas habituales de las revistas del corazón nos recuerdan los estereotipos más actuales: “Fulanita recupera el tipazo a las cuatro semanas de dar a luz”. Borrar las huellas del embarazo en el cuerpo, junto con una idealización ñoña de la maternidad, que infantiliza y simplifica al máximo la complejidad de un momento vital de intensidad absoluta. “Tengo un bebé muy bueno que duerme toda la noche”. “La experiencia más maravillosa de mi vida”. No caben las ambivalencias, ninguna mujer reconocerá públicamente las dificultades, las soledades, los miedos o los agobios normales en el puerperio.

 Escuchando cotidianamente a las madres compruebo lo difícil que puede ser la lactancia. Entiendo que muchas no quieran dar el pecho más allá de las primeras semanas o primeros meses. Me desespero al comprobar el escaso apoyo que encuentran las madres cuando tienen dificultades severas con el amamantamiento: las grietas, el dolor o la depresión raramente son tratadas eficazmente. Sí, te dicen que des el pecho pero casi nadie sabe cómo ayudarte con los problemas que con frecuencia surgen al inicio. Dar el pecho con dolor es terrible y síntoma de que hay un problema que diagnosticar y tratar.

 Igual que conozco de primera mano lo incompatible que resulta mantener la lactancia en la mayoría de los trabajos, lo ridícula que puede resultar incluso la hora de permiso por lactancia cuando no se pueden flexibilizar horarios o trabajar desde casa. Al capitalismo sin duda le beneficia que haya tantas lactancias que terminen abruptamente por un mal asesoramiento: más negocio de leche artificial, más demanda de antibióticos, más mercado de medicamentos para muchas enfermedades cuyo riesgo aumenta con la lactancia artificial.

Soy feminista y para mí eso significa entre otras muchas cosas defender y apoyar la lactancia materna: ser lactivista. Pero no como sacrificio ni como martirio, sino como fuente de placer y bienestar… Por gusto, por salud, por disfrute. La leche materna es el mejor alimento para los bebés, pero dar el pecho no es siempre lo mejor.

Ibone Olza

lunes, 4 de marzo de 2013

I Jornada Online de Actualización en Muerte Gestacional y Perinatal (2da Parte)



Continuo en este post el anterior artículo "Jornada Online de Actualización en Muerte Gestacional y Perinatal (1era Parte)".

* La quinta conferencia que tuvo lugar en esta jornada online de formación, versó sobre el tema "Cuidando a quién cuida", es decir la conferenciante Cristina Silvente (Psicóloga especialista en el área perinatal) trató sobre la necesidad imprescindible de  cuidar determinados aspectos en los profesionales que trabajamos con mamás y papás que están pasando por un proceso de duelo gestacional o perinatal, para realizar un trabajo sincero, honesto para con el otro y aportar una intervencíón de calidad, como por ejemplo: a) cuidar y trabajar del propio duelo antes de trabajar con el otro; b) la importancia de buscar y disfrutar espacios de autocuidado físico, emocional, social, personal para mantenerse fuerte y transmitir fortaleza al otro y para no intervenir en el proceso de acompañamiento en el otro; c) la imprescindible tarea de realizar un trabajo psicoterapéutico personal y de supervisión en nuestra labor profesional de acompañamiento, apoyo, sostén, guía, proporcionar información; d) ser una figura de apego seguro para la mamá y/o el papá para el que trabajamos.  

* A continuación pudimos disfrutar de una conmovedora, reconfortante, sabia y absolutamente aplicada y pedagógica conferencia por parte del Psicólogo Alejandro Busto Castelli, titulada "El padre ante la pérdida". Me encantó su intervención, a mí y a muchas de las mujeres, madres y participantes en esta jornada online.
En ella, resumidamente, nos menciona como "El viaje hacia el hombre conectado con sus emociones es dificil y agotador, lleno de sombras, de falta de conciencia y largas paradas hacia el camino. Sin embargo, es también delicioso y excitante, curioso y sorprendente, es un viaje de despertar, de reeducación, a veces de transformación". Aquí te acerco a una entrada bellísima y emocionante de su blog, en la que habla de su nacimiento como padre, de su función de "maternaje" desde su vivencia de su paternidad. 
Nos habló de la negación del duelo, de diferentes formas de presentarse ésta (tanto en el personal profesional sanitario como en el entorno íntimo de los padres dolientes), de las trampas racionales que facilitan esta negación del duelo. Así como trató sobre la no funcionalidad de las verbalizaciones tópicas en torno al duelo (de cómo son contraproducentes), de la necesaria toma de consciencia de las emociones para poder estar en contacto con el otro en el acompañamiento del padre hacia la madre (o viceversa, aunque focalizó su intervención hacia el apoyo a la madre en el proceso de vivencia del duelo gestacional o perinatal) y de aquellos aspectos imprescindibles, que la madre necesita recibir de su pareja, como figura de apoyo, acompañamiento y de contención emocional en estos momentos ( de cómo el padre no se puede permitir ser el primer negador de la realidad del duelo en estos momentos: cómo podemos entender este mecanismo de funcionamiento, pero así también la no justificación del mismo, y de la relevancia de en sus propias palabras de "descongelar al hombre", ayudándole a conectar con sus emociones y "a permitirse romperse emocionalmente" cuando llega el momento de poder permitirselo en el acompañamiento a su pareja.

Tratando todos estos aspectos siempre desde el respeto, la sensibilidad y comprensión de la importancia de la figura del padre.

También habla de la necesidad de crear espacios íntimos para padres, en los que los hombres puedan expresarse desde su intimidad, mostrar su sensibilidad, sus emociones (no desde la función de los "machos amigotes", sino desde su rol y sensibilidad como padres de sus hijos). Esto me recuerda a una película que vi hace poco, titulada "Qué esperar cuando se está esperando", en el que se muestra este espacio íntimo compartido para los padres, en los que éstos hablan de sus inquietudes, miedos (sí, miedos), sus emociones, sus experiencias de sentirse equivocados, sus aprendizajes, en definitiva sus vivencias particulares cada uno sobre su paternidad.

                      
Habló sobre la necesaria educación emocional de nuestros hijos/as, de lo necesario del aprendizaje de que "los niños también lloran".                  


* Seguidamente pudimos disfrutar de la videoconferencia "Gestión autónoma del dolor", por Mónica Felipe-Larralde.   Nos habló de la vivencia de un aborto desde cuatro niveles de experiencia en la mujer: el físico (de su cuerpo), el emocional (a la vez que influido por el sistema límbico y las hormonas), el mental (ante cualquier experiencia la mente traduce el significado de ésta para la persona, a través de filtros como mis experiencias/vivencias pasadas previas, de mis recuerdos de éstas, de mis expectativas; nombra también los introyectos...), y finalmente de la conciencia (que se encarga del darse cuenta, de mi darme cuenta de mi experiencia física, emocional y mental). 
Nos habló del miedo a vivir con plenitud la vida, cuándo ésta integra también la muerte, de la dificultad o resistencia a vivir con plenitud todo lo que haya en nuestra vida, sea ésto una alegría o una enfermedad o mala noticia, por ejemplo. De cómo la dificultad para aceptar lo que la vida es, nos trae, nos lleva a continuar "enganchados" al dolor, sin permitirnos vivirlos plenamente, para luego permitirse marcharse tras habernos conectado con la emoción, sea ésta cual sea (pena/tristeza, culpa, rabia, miedo ...), de llevarla hasta el final, elaborarla y posteriormente crecer con ella. 


* Finalmente la última conferencia de cierre de esta magnifica jornada de formación online, corrió a cargo de una mamá que es moderadora del foro SUA y que escribe el blog del que soy seguidora "Yo te esperaba", Cecilia Miy, en el que relata su experiencia como mamás de su niña a la que perdió durante su gestación. Se tituló "La Ayuda entre iguales".

Cecilia mencionó la incomprensión que rodea al tema del duelo gestacional y perinatal, y cómo nuestro entorno o nosotras mismas podemos no entender lo que nos está sucediendo en esos momentos, y de ahí la importancia de compartir con otros iguales que están pasando lo mismo que tú, o que ya lo han pasado (otras mamás y papás que pueden acompañarte en ese proceso de vivir tu duelo). 
Trató el dolor físico y emocional por la pérdida, de la necesidad de silencio en ciertos momentos, como en
 Habló de la importancia de apoyo para los padres que han perdido a su hijo durante la gestación o el parto, de diferentes vías de apoyo (a nivel virtual a través de foros como el de SUA, el de Petits amb llum...), la participación en grupos de apoyo presencial (sea sólo de madres y padres, o guiados por un profesional experto en duelo gestacional y perinatal), del acompañamiento de la pareja, de la familia, de amigos, el apoyo psicológico profesional (de psicólogos perinatales,especializados en muerte acompañamiento en la muerte gestacional o perinatal), de otros profesionales (como doulas, personal de obstetricia...).
Nos habló de la importancia de los rituales para ayudar a facilitar el duelo, de cómo los padres pueden compartir información, dudas médicas, consejos, apoyo, escucha, en la red de apoyo de la que es moderadora, tras haber vivido y elaborado previamente su duelo.
También mencionó como el Foro SUA realiza su labor de acompañamiento, a través de su soporte virtual, de encuentros presenciales de padres (en Madrid y otras localizaciones en España), o de su canal de vídeos en Youtube.


 Me despido de ti dejándote con una canción muy emotiva (y movilizadora especialmente cuando los padres están en las fases iniciales de su duelo) escrita por un hombre, Jorge Fandermole, hablando sobre el dolor de la pérdida de su hijo, que aunque ya la conocía y había escuchado en más de una ocasión, volver a hacerlo en dos ocasiones a lo largo de esta jornada, el conocer que su autor, el creador de la letra era un hombre, le dió un nuevo significado para mí, a la expresión de esta vivencia, por parte de la persona que la relata desde el dolor y la pasión de la pérdida de un hijo amado, titulada "Era en abril".  

                                 

I Jornada Online de Actualización en Muerte Gestacional y Perinatal (1era Parte)



El pasado sábado 2 de marzo, asistí y participé en la I Jornada Online de Actualización en Muerte Gestacional y Perinatal que organizó la editorial Ob Stare. Fue una experiencia absolutamente enriquecedora a nivel profesional y personal. Una magnífica oportunidad de formación en atención a la muerte gestacional y perinatal, en intervención en duelo gestacional-perinatal, y de encuentro con profesionales y personas muy sensibilizadas con la importancia de visibilizar esta temática a nivel social, de realizar cambios en este sentido, y en la intervención que se hace con los padres afectados por la muerte de uno o más hijos en su período gestacional y/o alrededor del momento del parto.


Este fue el programa de Videoconferencias:

1. Acompañando en el duelo. Rosa Jové (Psicóloga especializada en Psicología clínica infantil y juvenil).
2. Manejo expectante de la pérdida gestacional. Laura G. Carrascosa. Doctora en Biología Molecular y colaboradora en guías y manuales de Ministerio de Sanidad en España.
3. Acompañamiento afectivo haptonómico en la muerte perinatal. Doctor Jaime Robert. Especialista en Ginecología y Obstetricia.Haptoterapeuta.
4. El nuevo embarazo. Ana Alonso. Psicóloga clínica especializada en duelo perinatal. Moderadora de SUA.
5. Cuidando a quién cuida. Cristina Silvente. Psicóloga especialista en Psicología de la Salud y Perinatal, Trauma y Duelo. Cofundadora de la AEPP.
6. El padre ante la pérdida. Alejandro Busto Castelli. Psicólogo especialista en Psicologia positiva, crianza respetuosa y el desarrollo de las personas en libertad.
7. Gestión autónoma del dolor. Mónica Felipe-Larralde. Terapeuta especializada en crianza, familia y educación integral.
8. La ayuda entre iguales. Cecilia Miy. Moderadora de SUA y autora del blog "Yo te esperaba".


A continuación quiero utilizar este post para compartir contigo alguno de los aspectos tratados a lo largo de esta interesantísima y productiva jornada de trabajo, relativas a las cuatro primeras videoconferencias (y posteriores debates a continuación de cada una de ellas, con los participantes de la formación).

* En la conferencia "Acompañando en el duelo" vimos cómo la adecuada comunicación de malas noticias es clave para que en el  proceso de duelo gestacional o perinatal éste sea menos traumático: cómo dar una mala noticia, qué podemos hacer al darla, y también qué es importante evitar en esos momentos en que la trágica noticia de muerte del hijo ha de ser comunicada a los padres del bebé que fallece en cualquier momento de su gestación, antes del parto, durante éste o momentos después del mismo.


* Referente al "Manejo expectante de la pérdida gestacional" se destacó la importancia de recibir un seguimiento-acompañamiento tanto médico como psicológico para la mamá que decide llevar a cabo esta forma de despedirse de su bebé (frente a otras como el legrado con cureta, o al procedimiento de aspiración. Una frase que la auotora de la conferencia, que comparto totalmente con Laura G. Carrascosa es: "La pérdida gestacional no es sólo un aborto, ni un problema médico que se pueda "extirpar" fácilmente y olvidar con rápidez. Es el duro trance de perder un hijo".
La conferenciante destacó la importancia de conocer en profundidad las ventajas y desventajas de cada forma de llevar a cabo el aborto (inducido o respetado en su tiempo), para realizar una toma de decisiones y elecciones informada, segura, y acompañada, sea cual sea la decisión de la madre sobre el método de manejo de la pérdida gestacional cuando ésta es detectada por parte del personal médico.

* La conferencia "Acompañamiento afectivo haptonómico en la muerte perinatal" el Doctor en Medicina y Cirugía, y Médico Puericultor, además de Haptoterapeuta, Jaime Robert, nos descubrió a los participantes la existencia de una ciencia llamada Haptonomía, que es la ciencia de la afectividad, que trata de las relaciones afectivas entre los humanos, y cómo diferentes profesioanales de la salud humana (médicos, psiquiatras, obstetras, ginecólogos, matronas, psicólogos, ...) pueden hacer uso de un acompañamiento haptonómico, en sus diferentes especialidades.
En concreto, dentro del acompañamiento haptonómico que se puede hacer con la persona desde la gestación hasta la muerte, nos interesa específicamente aquél que los distintos profesionales que acompañamos a la madre gestante, o a la madre que ha sufrido una pérdida gestacional o perinatal, cuándo se dan casos de esta muerte, o por ejemplo, también en el nuevo embarazo de la madre (junto con el padre y el niño en gestación) que previamente ha sufrido la muerte de otro hijo en su anterior embarazo o parto. También podría realizarse este tipo de acompañamiento en casos de abortos múltiples, de infertilidad, esterilidad o con padres que acuden a la reproducción asistida para la concepción de hijo.

* En la videoconferencia y posterior debate sobre "El nuevo embarazo" vimos las dificultades que puede vivir la mamá en el primer, segundo y tercer trimestre cuando previamente ha vivido un embarazo o parto con pérdida gestacional o perinatal. Vimos diferentes técnicas y actividades que pueden ayudar a la madre a vivir su nuevo embarazo de una forma más consciente y relajada, además de conocer cómo afecta la ansiedad durante el embarazo al bebé, y también la importancia de no culpabilizar por parte del entorno (familiar, profesionales...) a la mamá en relación a la existencia o vivencia de esta ansiedad propia de un embarazo tras pérdida previa.
La experta resaltó la importancia de, especialmente en algunos casos, proporcionar apoyo específico psicológico de un profesional experto en Psicología Perinatal, y concretamente en Duelo Gestacional y Perinatal, durante todo el nuevo embarazo, para reducir los niveles de ansiedad en la madre, cuando ésta sufre de estrés crónico (de manera continuada) a lo largo del mismo, que le acompañe en este embarazo tan sumamente estresante para la madre, que pueda sostenerla. Ayuda terapéutica que además le permita mitigar la enorme incomprensión del entorno ante el duelo que la progenitora puede estar viviendo por su bebé fallecido en un anterior embarazo/parto, cuando está embarazada de este nuevo bebé, y adquirir esas técnicas que le permitan reducir su ansiedad, además de elaborar sus miedos en las diferentes etapas del embarazo, conocer qué actividades pueden ayudarle, o cómo facilitar el vínculo emocional con el nuevo bebé, en este nuevo embarazo.

Aquí te dejo este vídeo que habla sobre cómo el estrés puede afectar al bebé estando en el útero.





                              
                                                                               

miércoles, 20 de febrero de 2013

Revista Ob Stare: Muerte gestacional y perinatal




Soy suscriptora de la Revista Ob Stare, de la que ya he hablado en otras ocasiones. La edición de Invierno 2012-2013 consiste en un monográfico sobre muerte gestacional y perinatal. La lectura de sus artículos puede ser un bálsamo de calma para aquellas mamás y papás que están pasando por el doloroso proceso de la muerte de un hijo en cualquier momento de su gestación, antes del parto, durante éste o poco tiempo después de nacer.

Diferentes profesionales hacen su aportación poniendo palabras sabías y sensibles, informando, acompañando, aportando sus testimonios, sobre la terrible experiencia de perder un hijo durante el embarazo o alrededor del parto.

Podria nombrar tantos relatos del número 23 de esta revista, tan significativos, o quedarme con algunas de las palabras que quienes han escrito en estos artículos me han resonado en el momento de leerlas, y así lo haré a continuación, sin embargo también quiero daros a conocer el título de todos sus artículos, por si puede interesaros.

Revista Ob Stare Número 23
Muerte gestacional y perinatal

· Editorial, por Eva Darias.
· Fugaces, por Claudia Pariente.
· Niños del agua, por Elena Mayorga y Ramón Soler.
· El acompañamiento afectivo haptonómico en la muerte perinatal, por Jaime Robert.
· Umamanita, por Jill Cassidy.

· Plataforma Duelo Gestacional y Perinatal, por Mónica Álvarez.
· Del bebé estrella al bebé arco iris, por M. Àngels Claramunt.
· ¿Qué es Petits amb llum?,
por Marta Muñoz.
· Muerte gestacional y perinatal... ...en pocas palabras.

· Un tabú del s. XXI: la muerte gestacional y perinatal,
por Ana Alonso.
· Sobre legislación española,
por Editorial OB STARE.
· Siempre en el corazón,
por Asociación El Parto Es Nuestro.
· Yo te esperaba,
por Cecilia Miy.

· Nombrar lo innombrable,
por Nohemí Hervada.
· El dolor,
por Mónica Felipe-Larralde.
· Sobre números identidad y más,
por Eva Darias.




Expresan Ramón Soler y Elena Mayorga (del Blog "Niños del Agua"), dos especialistas en Psicología de la Mujer y/o en Psicología Pre y Perinatal, y papás de su pequeña bebé uterina que murió en su etapa gestacional, y a la que habían decidido ponerle el nombre de Luna: 

"Una mamá que pierde un bebé precisa que se le comprenda, que se le escuche, que se le apoye, sin juzgar, sin opinar. También y sobre todo necesita llorar, sacar de su cuerpo esa inmensa pena que está experimentando, ese terrible desconsuelo que le parte el corazón y esos desoladores sentimientos de culpabilidad, ira, de abandono, de soledad. Una soledad devastadora, profunda, inmensa e inconsolable en sus primeros estadios. Una soledad que tiene su razón de ser en el hecho de que, sin solución de continuidad, en cuestión de pocos minutos, días o semanas, una madre pasa de compartir su cuerpo con un pequeño ser, que crecía simbióticamente en su interior, a estar de nuevo física y emocionalmente sola. Su mente, sus sentimientos, y sus emociones, hasta ese momento concentradas en el maravilloso proceso del embarazo, de la creación, de la vida, de repente deben enfrentarse , no sólo con la parte más dura de la realidad, la muerte, sino, además, con el vaivén hormonal de su cuerpo, con la compleja ambivalencia del puerperio y con la frustrante certeza de que su precioso y deseado bebé ya no está físicamente con ella".


También os traigo alguna de  las descripciones breves que hacen en el ejemplar de este número de la revista, sobre la muerte gestacional y perinatal, mostrando diferentes perspectivas sobre este tema:

"Lo único que nos cura de un sufrimiento es vivirlo a fondo". Marcel Proust, en "La cuna vacía".

"Al principio, los padres muestran un dolor intenso y un discurso difícil, de mucho llanto y pocas palabras, hasta que logran darle coherencia y pueden compartir la experiencia. Son las madres las que con el tiempo elaboran mejor su discurso, mientras que los hombres muestran menos emociones y sentimientos. Habitualmente los hombres intelectualizan la pérdida, prestan apoyo, intentan buscar soluciones y "pasar de puntillas sobre el dolor", mientras que las mujeres intentan buscar el significado de la pérdida desde lo emocional".  "Vivir el duelo. La experiencia de perder un hijo" , Alfonso García (Antropólogo y profesor de enfermería en Canarias).

"Los padres huérfanos me cuentan con frecuencia que se sienten como leprosos. Tienen la impresión de que la gente los evita como a los leprosos. No tienen derecho a mostrar su tristeza. Algunos incluso cruzan la vereda de enfrente para no encontrarlos. A menudo escuchan palabras como: "Esto ya pasó hace tiempo. La vida continua.Entrégate al presente." Pero tales palabras no ayudan, sino producen el efecto contrario. Los padres sufren, se sientne incomprendidos. Tienen la sensación de que con su pena no tienen espacio en este mundo. Se les reporcha amargar el ambiente. Por esta razón, resulta tan importante sencillamente estar con las personas que sufren y dejar que hablen". "¿Por qué a mí?, Anselm Grün.


Y finalmente os reproduzco unos párrafos, del artículo de Nohemí Hervada, "Nombrar lo innombrable" en el que dice:

"Es como si hubiera una especie de dogma no escrito que hace creer a la gente que el dolor ante la muerte es directamente proporcional al tiempo de vida del ser. Y que, por supuesto, el tiempo empieza a contar desde el nacimiento, nunca antes. ¡Qué gran mentira!"

"Estría bien pararse a pensar por qué nuestro "primer mundo", con todo su conocimiento científico, biológico y neurobiológico de la vida intraútero, le da tan poco reconocimiento al dolor por la muerte de un ser por muy pequeño que sea".


Si quieres sentir la vibración que hay en las palabras de estos artículos, escritos con el alma, en los que sientes vida conforme lo estás leyendo, te invito a adquirir un ejemplar de la revista (más arriba está el enlace directo en el que puedes hacer la compra, que siempre es vía online). A mí me ha parecido sumamente interesante, por lo que no he podido ni querido reprimir el compartirlo contigo. Espero, deseo, que la lectura de esta entrada del blog, te haya aportado información, ayudado o incluso quizás acompañado de alguna forma que necesitases. O quizás pueda hacerlo con alguien que esté pasando por un duelo gestacional o perinatal, y a quién tú busques ayudar. En este caso, compártelo, sé generoso en hacérselo llegar a quién pueda necesitarlo.


martes, 22 de enero de 2013

Formación en duelo gestacional y muerte neonatal



                                                                                               
                                                
Este fin de semana he realizado un taller formativo con la Asociación Umamanita (Asociación de Apoyo para la muerte perinatal y neonatal), impartido por Sue Steen , Jillian Cassidy y Lynn Zdechilk, expertas en duelo gestacional y muerte neonatal, sobre el "Trabajo con Familias en Duelo" (por la muerte de su bebé, durante la gestación o alrededor del parto). 

Una jornada de trabajo, en el que hemos participado enfermeras, comadronas, doulas y psicólogas, todas con la inquietud común de seguir aprendiendo y creciendo sobre la atención a las familias que están pasando por un duelo gestacional o ante el proceso en cuso de una pérdida de su bebé por muerte neonatal. 
El encuentro con estas profesionales interesadas en la atención integral a la mamá y el papá que están en situación de duelo por la pérdida de su hijo (sea en cualquier momento de su embarazo,  previo al parto, durante éste o en los días posteriores al mismo). Es decir no sólo desde el punto de vista sanitario, sino integrando en su atención el trato humano, personalizado, empático, y de cuidado hacia los aspectos emocionales y psicológicos que tienen que ver con el proceso que están viviendo estos papás. Ha sido muy enriquecedor y movilizador de sensaciones, sentimientos, incluido de ideas y pensamientos sobre acciones de prevención y de intervención, que podemos llevar a cabo para ofrecer un servicio humanizado, de calidad y amoroso a estas familias que tanto lo necesitan en esos momentos tan dolorosos por los que están atravesando, como son los que se producen ante la muerte de su bebé y las pérdidas asociadas que conlleva esta muerte para sus papás, en un momento que lo que esperaban era recibir y sentir con ellos la vida de su hijo. 

Ha sido un encuentro de un grupo de mujeres/profesionales que a través de sus acciones, incluida la formación en esta especialidad de la obstetricia y de la psicología, buscamos mejorar la atención que reciben las mujeres en las instituciones sanitarias, cuando son atendidas por profesionales de la sanidad pública o privada (como enfermeras, comadronas, auxiliares, celadores, ginecólogos/as, psicólogos, ...), durante su embarazo, parto y postparto. Mujeres que luchan en sus trabajos, en el día a día, por el desarrollo y la implantación de unos protocolos de atención al parto, en el que los profesionales que lo llevan a cabo trabajen en equipo, desde una formación y actitud de apoyo integral a las familias que viven el fallecimiento de un hijo durante el embarazo de la madre (independientemente de la edad gestacional de éste) alrededor del momento del parto. Mujeres/profesionales que buscan un cambio en la atención al duelo, a nivel no sólo de su área profesional, sino que son conscientes de la necesidad de un cambio social en relación al trato que se le da a la muerte y a los familiares que experimentan la pérdida de un ser amado, que permita la verbalización del duelo cuando éste es vivido en etapas gestacionales y neonatales. 

Referente a las formadoras me han encantado, literalmente. Me he encontrado con grandes profesionales, con una amplia experiencia en el trabajo directo con Familias en Duelo por el fallecimiento de sus bebés, en el que hemos podido aprender no sólo de los contenidos que nos han transmitido, sino de ver su forma de trabajar con las familias, de hacer, de dirigirse a éstas en su trato directo con ellas. Sólo me queda volver a darles las gracias, y transmitirles nuevamente, desde aquí en esta ocasión, mi deseo de volver a encontrarnos y de seguir mi formación con ellas en mi camino de especialización en este área de la Psicología Perinatal. 

lunes, 14 de enero de 2013

El padre también está en duelo


                                                                 
En muchas ocasiones, cuando hablamos de embarazos y partos nos olvidamos de los hombres, los padres, del rol tan importante y en ocasiones muy diferente que desempeñan, al de la madre (aunque igual de relevante).  Cuando nos centramos en un proceso de pérdida durante cualquier momento del embarazo o alrededor del parto, podemos olvidarnos del padre, si nos quedamos con la sensación de que "no siente" al no ver que siente de otra forma, obviando su dolor al no comprender la forma en que lo siente, expresa o manifiesta. 

Esto es lo que tanto me atrajo de esta lectura que conocí a través de "Niños del Agua" en su perfil de facebook: la visión de género en el acercamiento al afrontamiento de los duelos gestacionales y neonatale. Es un artículo de la Psicóloga especialista en Psicología Perinatal, Cristina Silvente, publicado tanto en su página web como en el periódico El Confidencial.com 

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Perder un bebé antes de nacer o alrededor del nacimiento es una experiencia devastadora, no sólo por la pérdida en sí de todo un plan de futuro, de unas ilusiones, de un amor que se queda sin dar en el vacío más inmenso de unas manos abiertas, sino por la falta de apoyo social, de aceptación de que ésta es una pérdida, como la muerte de cualquier otro familiar o amigo/a, y necesita también del cariño del entorno.

Y quizá por esa falta de comprensión, toda la atención (a veces equivocada por las maneras) se fija en la madre, que es la que lo sufre físicamente. Y nadie tiene en cuenta al bebé, si ha nacido vivo, y mucho menos al padre, o la pareja en caso de ser dos madres. En este artículo hablaremos en general de los padres, pero muchos aspectos son aplicables a las parejas mujeres, ya que cada vez son más las que se animan a aventurarse a entrar en la maternidad juntas.

El padre también está en duelo. Y a veces un duelo muy diferente ya que tiene que sobrellevar básicamente dos cosas: la pérdida de su bebé y el cuidado de su mujer. Alguna vez ha peligrado incluso la salud de ésta última. A los padres se les suele pedir, y ellos mismos se sienten muchas veces responsables, el cuidado de ellas, con lo cual a veces es complicado dejar espacio al propio proceso de duelo.


UN PROCESO DIFERENTE, PERO IGUAL DE DOLOROSO

Existen diferencias de persona a persona en la manera en que hacemos frente a las pérdidas en la vida, y suele haber diferencias de género también. A grandes rasgos, y siempre teniendo en cuenta la individualidad, las mujeres solemos buscar más apoyo de otras personas y hablar una y otra vez de la pérdida, llorar, e incluso en ocasiones puede parecer que nos regodeamos en el dolor (nada más lejos), en un intento del cerebro por encajar lo sucedido.

Los hombres, por su parte, suelen buscar una solución al ‘problema’, les cuesta más expresar sus emociones y no suelen compartirlas o buscar apoyo de la misma manera que las mujeres. Es más común verlos salir de casa, hacer deporte, intentar ‘hacer’ más que ‘estar’. A la hora de buscar ayuda, y más de un profesional, lo suelen hacer más ellas. Aunque, como psicóloga, he tenido muy buenas experiencias cuando vienen ambos miembros de la pareja y se hace un seguimiento de los dos de forma conjunta.

Otro tema a tener en cuenta es que el hombre se tiene que incorporar muchas veces al trabajo antes, a no ser que se tramite una baja por depresión. Esto le obliga a adaptarse a su vida de antes de forma precoz, aunque en algunos casos sirva de descanso mental del dolor. Ya dependerá de lo realizado o no que se sienta en su trabajo el que el hecho de volver a su labor ayude o no a su proceso. Pero su incorporación podría incrementar la preocupación de dejar a su pareja sola en casa. También hace muchas veces de receptor de todas las preguntas sobre su mujer. Y a él, ¿nadie le pregunta?.

Llevar ambos duelos, comprender al otro, o sentirse apoyado por la pareja puede ser una tarea difícil. Él puede ver como algo malo que ella se quede ‘estancada’ llorando por el bebé perdido, y ella puede creer que las ganas de salir de él y su mutismo ante el tema signifiquen que le importa menos. Los hombres y las mujeres por educación y desarrollo somos seres diferentes con necesidades diferentes. Los procesos de duelo suelen ser altibajos que van a ritmos desiguales. En estos casos, conocer cómo son las diferencias de género, o simplemente, tener un espacio donde hablar de cómo se siente cada uno y compartir dudas y miedos, puede ayudar mucho.


ELLOS NO PUDIERON 'CONOCER' AL BEBÉ

Los hombres no han tenido la experiencia física de sentir al bebé dentro, mientras que, dependiendo de las semanas de gestación, su presencia puede haber sido bastante notable para la mujer gestante. Esto puede crear sentimientos ambivalentes para él: o bien hacer más grande la pérdida por ser más abstracta, o bien tener cierta pena de no haber podido compartir esa experiencia con su mujer, no haber podido ‘conocer’ a su bebé.

Solemos recomendar ver al bebé muerto que estaba en gestación porque suele ser una acción que ayuda al proceso de duelo. Algunas veces, con la intención de proteger a la madre, erróneamente se la ha apartado de ello y, sin embargo, el padre sí ha podido verlo y despedirse en cierta manera. Este puede ser un punto por el cual él haya podido tener una evolución más serena.

El parto en sí o cualquier otro procedimiento médico puede ser traumático para ellos, bien porque pueden ver a su pareja sufrir y no poder hacer nada, o bien porque el proceso médico en sí les resulte desagradable. Ellos también necesitan información, saber qué hacer en estas circunstancias. El sentimiento de no tener control sobre la situación puede causar mucho dolor emocional. Algunos hombres se culpabilizan en silencio de ciertas decisiones que tuvieron que tomar en la soledad y con prisas. Otras veces se les aparta, cuando ellos también han perdido a su bebé, o pueden sufrir por no estar al lado de su pareja.

Igualmente importante es su miedo en los siguientes embarazos y partos. Pueden llegar a retrasar los intentos, o, al revés, ellos suelen estar dispuestos a tener otro hijo o hija antes. Pero también tienen miedo hasta que comprueban que todo va bien o sigue bien.


En cualquier caso, no deberíamos olvidarnos de ellos y sí conviene asegurarse que reciben la atención y el apoyo adecuados a sus circunstancias.

              

Nuevo embarazo tras pérdida gestacional o neonatal





En una anterior entrada del Blog titulada "Nuevo embarazo tras pérdida gestacional" os hablaba de este difícil proceso por el que puede pasar una madre gestante, después de perder a su hijo durante un embarazo anterior. Ahora retomo este tema, para hacerlo también extensivo a la experiencia de un nuevo embarazo tras una pérdida de un bebé, sea durante algún momento del embarazo (muerte gestacional), durante el parto o de su bebé recién nacido (muerte  neonatal ). 

En esta ocasión quiero compartir  unos datos relevantes  procedentes de  un valioso artículo, publicado por UMAMANITA (Asociación en apoyo a la muerte perinatal y neonatal), escrito por Joann O´Leary,MPH, MS, y traducido por Francisca Fernández, titulado "El embarazo después de perder a un bebé". Las notas entre paréntesis son propias, a modo de aclaraciones o matizaciones a aportar. 


EL NUEVO EMBARAZO DESPUÉS

   Hasta hace poco la comunidad médica no ha prestado atención a los embarazos posteriores a la pérdida de un bebé, y aún no se considera una materia que requiera de una práctica basada en la competencia. Sin embargo, la muerte prenatal se produce en el 25 por ciento de los embarazos, debido a un aborto espontáneo, al nacimiento de un un niño muerto, o a la muerte neonatal, registrándose cifras de hasta un 43 por ciento. La mayoría de las mujeres que han tenido resultados negativos se quedan embarazadas de nuevo, registrándose una tasa de nuevos embarazos del 59-86 por ciento.

  En una gestación múltiple, además, los abortos asociados a muerte espontánea de uno o más fetos pueden alcanzar el 30 por ciento. Además, los embarazos que acaban en parto prematuro y bebés nacidos con discapacidades graves hacen revivir a los padres durante el embarazo siguiente miedos y ansiedades similares. 

  En todas estas situaciones, el marco de referencia de los padres para el siguiente embarazo es su experiencia anterior. Estos padres han perdido la inocencia. La probabilidad estadística les ha traicionado, y cuando se ha producido una muerte, viven con constante ansiedad pensando que la muerte puede golpearles de nuevo. 

Veamos alguno de los datos de investigaciones sobre la vivencia de un nuevo embarazo después de perder a un bebé:

* Se ha descubierto que un embarazo anterior malogrado es un factor significativo de predicción de riesgos en el siguiente embarazo. 

* Es habitual un aumento del miedo y la ansiedad, y desconfianza hacia la profesión médica.

* Las mujeres y sus compañeros tienden a no mostrar sentimientos positivos respecto al embarazo, tienden a preocuparse porque algo vaya mal con el bebé, y muestran rasgos de ansiedad en mayor medida que las mujeres que no han sufrido una pérdida con anterioridad. 

* Tanto hombres como mujeres están llenos de temor a que la pérdida se repita y en estado de hipervigilancia. 


LA PATERNIDAD/MATERNIDAD EN EL SIGUIENTE EMBARAZO

   En los doce últimos años, el trabajo con familias en las que se da un nuevo embarazo después de uno anterior malogrado ha ayudado a identificar diferentes fases de evolución en la gestación a medida que las familias viven el nuevo embarazo. Son éstas:

   -Trabajar el miedo a otro embarazo anormal.
   -Trabajar la evitación del vínculo afectivo (con el nuevo bebé) por temor a perder al bebé después.
   -Superar la falta de voluntad para recuperarse de la pérdida por lealtad al bebé que se murió.
   -Vincularse con el bebé no nacido separándolo del bebé que murió.
   -Duelo de los padres por la pérdida personal que ha supuesto para ellos el aborto. 

Hemos observado cómo todos los miembros de la familia, incluyendo los niños, se enfrentan a las cuatro primeras tareas. Algunos hombres deben llevar a cabo también un esfuerzo adicional: superar el miedo a perder a su compañera si la muerte perinatal anterior supuso una emergencia médica par la vida de la madre. 


   El conocimiento de estos aspectos del embarazo (nuevo), junto con la información disponible en la literatura (científica), han servido para desarrollar el marco de experiencias de los padres en aquellas relaciones padre-hijo que se inician en la etapa prenatal. 
Al tiempo que viven su duelo y necesitan hablar del bebé que murió, estos padres también deben iniciar su relación con el nuevo bebé.
 (Nota particular: por ello es recomendable,  para los padres,  dejar un período de unos meses, para elaborar su anterior pérdida y realizar un trabajo emocional y/o psicoterapéutico del duelo por la pérdida de su bebé,  antes de iniciar la búsqueda de un nuevo embarazo, para que un duelo recién iniciado no se comience a elaborar al mismo tiempo que la mamá vuelve a quedarse casi inmeditamente embarazada, sino esperar a que se produzca una sanación emocional y física en la mujer, previamente a buscar una nueva maternidad).
Hasta que su papel como padres de un bebé que murió no sea reconocido y validado, les costará comprender que éste (el nuevo bebé) es realmente un bebé distinto y tendrán dificultades para implicarse en el nuevo embarazo. 
Un padre explica así su lucha durante el embarazo: "La decisión de tener otro hijo después de perder a Robert fue fácil. Lo difícil fueron los nueve meses siguientes. En mi caso, la muerte de Robert me perseguía todo el tiempo y estaba totalmente paranoico pensando en que algo imprevisible pudiera ocurrir de nuevo". 
Es habitual oir a los padres (nuevos padres después de la pérdida de su bebé) decir de sí mismos que "están embarazados", pero utilizan expresiones como "si el bebé nace". (Nota:  frase que es un reflejo del miedo adquirido, a que la experiencia anterior vuelva a repetirse). 


     En el primer trimestre es raro que los (nuevos) padres (mamás y papás tras una pérdida previa de su bebé) experimenten la emoción inicial del (nuevo) embarazo. Los propios padres de la pareja embarazada (los futuros abuelos) muestran sorpresa al descubrir que no están contentos (nota: ¿¿quizás se muestren cautelosos ante el miedo a una nueva pérdida??). Mientras que la familia y los amigos piensan que quedarse embarazados de nuevo ayudará a estos papás/mamás a sentirse mejor y sentirse ilusionados, en lugar de ello surge un nuevo temor: el de perder también a este bebé. Muchos de estos padres/madres no quieren decir a nadie que están embarazados. No quieren que les digan "ahora podréis ser felices de nuevo". Al estar tan asustados, no quieren participar de los sentimientos de alegría de los demás. Para estos padres, eso sería como negar al bebé que murió. 


      Durante el segundo trimestre las parejas se enfrentan a decisiones tales como someterse o no a pruebas neonatales adicionales. Discutirlo es útil para ayudarles a escoger entre las distintas opciones durante la planificación del embarazo. En este período el miedo puede crecer al sentir los primeros movimientos del bebé. Los padres pensaban que estos movimientos les daría confianza, pero en vez de eso se cuestionan nuevamente si es demasiado movimiento o si los movimientos no son suficientes. Es habitual que se haga una ecografía a la semana 18-20, y conocer el sexo puede provocarles sentimientos encontrados. Algunas personas quieren un bebé del mismo sexo que el que murió,  otras quieren el sexo opuesto.

Pueden experimentar un resurgimiento del dolor cuando empiezan a ser conscientes de que éste es un niño diferente y no es el niño que murió.
Aceptar esto como un fenómeno común sirve de ayuda a los padres. Intelectualmente comprenden que se trata de un niño diferente, pero emocionalmente siempre querrán la vuelta del otro niño.

La mitad del segundo trimestre puede ser una época de asentimiento, especialmente si el niño anterior murió a causa de una enfermedad que puede diagnosticarse a través de la ecografía (como por ejemplo, la hipoplasia del hemi-corazón izquierdo o una anormalidad genética). Pero incluso cuando saben que este bebé no tiene la enfermedad anterior, muchas personas aún tienen miedo. Ahora saben que algunos bebés mueren, y no recuperarán la confianza hasta que no vuelva a casa con un bebé sano

A medida que las mujeres sobrepasan la fecha en que se había producido el parto prematuro se adentran en un nuevo territorio. Esto puede hacer que vivan con miedo cualquier molestia o dolor que para otras mujeres que no han sufrido una pérdida entrarían dentro de la fisiología normal del embarazo. Pueden ingresar en servicios de obstetricia con síntomas de disminución de los movimientos fetales o sintiendo contracciones. Para valorar esta situaciones, es importante descartar la existencia de complicaciones, y también tener presente que el miedo es un factor a tener en cuenta en estos embarazos posteriores (a una pérdida anterior).

Las pruebas prenatales pueden comenzar en cualquier momento entre las semanas 28 a 32 de gestación. Esto puede ser de gran ayuda para los padres. Pueden obtener información objetiva sobre la salud de su bebé y sentirse aliviados al saber que alguien les está ayudando a vigilar el desarrollo del bebé.


     En el último trimestre, cuánto más se acerca la fecha estimada de parto, más miedo pueden sentir. No es raro que los padres digan "saquen al bebé como sea ahora que todavía está vivo".

Además, este es un momento en el que la pareja está más expuesta a sus propias emociones. Las parejas dijeron que era más fácil para ellos no pensar en el embarazo y preocuparse por el trabajo. Cuando toman conciencia de que este bebé podría realmente nacer, necesitan ayuda para afrontar el parto tanto ellos como su pareja. Siempre que sea posible, sería conveniente facilitar a estas parejas clases de preparación al parto especiales. Si ello no es factible, ofrecerles al menos apoyo mediante la redacción de un plan de parto. Es extremadamente beneficioso para ellos visitar el área de dilatación y paritorios antes del parto. Aunque esto puede resultarles difícil, necesitan que los profesionales de obstetricia (los trabajadores del área perinatal) les animen a ello de forma amistosa. Lo ideal sería hacerlo de forma individualizada, no en grupo.

Muchas familias han descrito reacciones del síndrome de estrés postraumático cuando entran en el área de maternidad. Necesitan recrear sus sentimientos de forma que cuando llegue el momento del parto puedan concentrarse en ese parto y en ese bebé. Esto también es importante para las familias que tienen hijos mayores antes de su participación en una clase de preparación para los hermanos.

Sin embargo, es importante recordar algo: que la historia de la pérdida del bebé es diferente en cada familia, y tienen distintas necesidades en el siguiente embarazo, es una de las sugerencias que al final de este artículo la autora ofrece a los profesionales de obstetricia que trabajan con estas mamás y papás que tienen un nuevo embarazo tras la pérdida anterior de un bebé, en su intervención con ellos durante todo el nuevo embarazo (y también en el parto y posparto incluso). Resaltando otra máxima en el trato con los mismos:

"La intervención más valiente por su parte consiste en algo que usted ya sabe hacer: acompañarles y escuchar su historia".

Algo, esto último, que las mamás y papás que han pasado por este tipo de pérdidas gestacionales y neonatales, pueden afirmar que este trato humanizado, esta escucha activa, libre de ideas previas, opiniones o prejuicios, ha sido un elemento fundamental que les ha ayudado en momentos en que necesitaban ayuda, formación, orientación, o una comprensión empática. Un trato, el de estos profesionales (en todo el amplio sentido de esta palabra), que agradecen (cuando así lo reciben) y recuerdan como parte de su historia de esa maternidad frustrada y de una posible nueva maternidad lograda con un resultado exitoso (el de llegar a casa en sus brazos con su bebé sano). 







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