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domingo, 8 de noviembre de 2015

Dar el pecho no es lo mejor, por la Doctora Ibone Olza


                                                                           

 

Hace tiempo ya que tengo deseos e intención de escribir sobre la “obligación aparente de dar el pecho”, y el sentimiento de culpa que puede surgirle a una madre, deseosa de hacerlo, cuando nazca su bebé, y que finalmente, por el motivo que sea, no logra hacerlo. Pero también, de aquellas mamás que "eligen" no hacerlo (en ocasiones sintiéndose obligadas a dar el biberón, por las dificultades diversas, como las laborales, para dar el pecho a su bebé), o porque les supone una dificultad personal o emocional (por cualquier causa).
Pensaba en cómo redactarlo, con la mayor sensibilidad y mi sentido respeto hacia TODAS las madres, no sólo hacia un grupo de éstas, tanto las que dan el pecho, como las que no lo han dado ( reitero, ¡¡ por el motivo que sea !!: por elección propia o por dificultades alrededor de la lactancia).
Recuerdo como una colega me relataba que en un grupo de asesoramiento sobre crianza (asociado a una reconocida clínica de maternidad, que ofrecía “partos respetados”), al que asistía, las madres que no daban el pecho sentían cierto rechazo, y acababan dejándolo.
Hace años, cuando aún mi hija Sara no había nacido, comencé a interesarme por la lactancia materna. Deseaba fervientemente dar el pecho a mi futuro/a hijo/a. Leí, me informé, y finalmente cuando mi hija estaba cerca de nacer,  adquirí posibles herramientas que pudieran ayudarme si surgiesen dificultades (sabiendo o creyendo, que por vivir en un país extranjero, éstas complicaciones pudiera ser que tuviese que ser yo misma quién satisfaciera la forma de solucionarlas, al menos inicialmente).
Mi hija nació, …, sin embargo no pude darle el pecho. Aquello me produjo mucha tristeza, y apareció el sentimiento de culpa que os nombraba. “Lo intenté todo”, me decía, “lo estoy haciendo bien, le estoy dando el biberón como si del pecho se tratara” (hablo de ello en una entrada de este blog, en 2012, y que  titulé así “Dar el biberóncomo si fuera el pecho”. Esto último me ayudó, pero no fue hasta que lo trabajé terapéuticamente, con mi comadrona que pude trabajarme ese sentimiento de culpa, afrontarlo abiertamente y elaborarlo, así  éste desapareció, dejándome  libre de ser la madre de mi hija tal y como lo estaba siendo, "sin taras supuestas" en mi maternidad.
Quiero aclarar algo que considero sumamente  relevante, que es sólo una pequeña muestra de la altísima calidad en la atención sanitaria en Suiza (como he podido comprobar, especialmente, en materia de maternidad, con mujeres embarazadas y con los menores). En este país, después del parto viene una comadrona a asistirte a casa, para supervisar la evolución de la madre, la relación de la mamá con su bebé, solucionarte posibles dudas, asesorarte, apoyarte y acompañarte, algo que es una grandísima ayuda, y que sería formidable se instalara en el servicio de salud español). Y que “casualmente” (no creo en las casualidades, …, sino en que las cosas suceden por/para algo)  en mi caso, mi comadrona era una gran mujer, no sólo profesional, una luchadora inmigrante, que había conseguido ejercer su profesión en un país que no es el suyo, y que además era terapeuta de traumas por parto, usando el método EMDR, lo que fue una algo totalmente significativo en mi historia con mi niña, y por tanto, para nuestra familia.
Así que … no es casual que en Suiza haya una Asociación de Psicología Perinatal, como ya me informé, a través de la AEPP (Asociación Española de Psicología Perinatal) antes de venirnos a vivir a nuestro país de acogida.  Esto es una muestra más de su gran calidad en la atención a la mujer embarazada y a los niños, como os decía.

 
… Y volviendo a lo que os nombraba de hablar sobre mi deseo de escribir sobre “dar el pecho”. Una persona muy relevante para mí, a quién quiero mucho, me dijo “Mar, tranquila, …, déjalo ir, dar el pecho en ocasiones está como convertido en lo único, lo mejor, de alguna forma sobrevalorado, en el sentido de que si no lo das, parece que estés haciendo algo mal como madre, que le estás robando algo a tu hijo/a, pero mírala, Sara es feliz”… Y así era, así es, sólo había que ver lo alegre que era, es, desde bien bebé, su carita de felicidad, de satisfacción.
Parece que una madre que no ha dado el pecho, y lo deseaba, o sin desearlo pero escuchando siempre el mensaje de que “dar el pecho es lo mejor” (¿por tanto también las madres que lo dan son las mejores, y las que no son “malas”?) tiene que perdonarse, porque aunque lo haya intentado todo, no lo ha conseguido, ni aún con ayuda (debido a determinadas circunstancias, por ejemplo).  O, si ha elegido no hacerlo, por el motivo que sea, entonces, quizás, sin ni darse cuenta del todo, cargue con cierto sentimiento de culpa, que pueda costarle incluso reconocerse, si esto le causa dolor, llevándole a sentir en ocasiones que entonces   "es peor”, porque “ni siquiera lo ha intentado”, “porque ha decidido ser egoísta y no ha primado lo que supuestamente era mejor para su hija/o…”.
Esas primeras semanas, incluso meses, tenía presente el ejemplo de una gran colega, y mejor madre, que había criado a sus tres hijos, sin darle el pecho ( el qué había pasado tras esta "supuesta decisión" no lo hablamos profundamente hasta después de nacer Sara, al hablarle de mis propias dificultades; hablar "en voz alta" de estas dificultades de la maternidad, en el puerperio, reconocerlas, no es fácil...como dice Ibone Olza ), y cuya relación con ellos era/es magnífica… Recordar esto, y que estaba dando el biberón, como si fuera el pecho, me ayudaba.
Finalmente, tras esos encuentros terapéuticos con mi comadrona, mi culpa, al trabajarla, desapareció, lo que me hizo  sentirme COMPLETA como madre. ¡¡ Gracias Gara !!, como ya te he dicho desde lo más profundo de mi ser, pues me ayudaste a ser la madre que deseaba, con tu apoyo. No una madre "reducida" porque a pesar de mi amor, de querer lo mejor para ella, yo no había podido hacerlo, fuiste una gran facilitadora de la sensación de restaurar mi respeto a mi cuerpo, de sentir "que nada estaba mal en mí" , me ayudaste  en mis darme cuenta, a sacar esa tristeza de mí y volver a sentirme verdaderamente feliz, lo que sí fue significativo para mí, mi pequeña, y nuestra familia, frente a mi anterior sentimiento de carencia.
Así que, cuando hoy mismo he leído un artículo de Ibone Olza, que me ha encantado, maravillado, pues es como si explicase todo aquello que siento, y quería plasmar en mi entrada,  que no terminaba de saber cómo hacerlo (especialmente porque no quería dañar la sensibilidad de ninguna madre, no quería dividir a las madres, ni enfrentar a éstas) he decidido inmediatamente compartirlo en mi blog, pues considero totalmente necesario su reproducción, que llegue a todas las mujeres embarazadas, y a madres que aún no han restaurado o elaborado este episodio de su vida, que quizás pudo ser una "pérdida" para ellas en su maternidad. Por ello reproduzco estas palabras de la Doctora Ibone Olza, “como si fueran mías”, en el sentido de que me siento totalmente representada en sus palabras, en lo que siento y pienso, como si fueran totalmente mías:
Desde luego que angustiar o amenazar a las madres que optan por no dar el pecho no es la manera de promover la lactancia materna, sino más bien de enfrentar y dividir una vez más al colectivo de mujeres madres y probablemente a la sociedad. Dar el pecho no es lo mejor, pero sí lo normal (como bien dice en su blog la lactivista Patricia López Izquierdo ). La leche materna es el mejor alimento para los más pequeños, pero dar el pecho no es siempre lo mejor: a veces, por desgracia, es lo más difícil”.
“…defender y apoyar la lactancia materna: ser lactivista. Pero no como sacrificio ni como martirio, sino como fuente de placer y bienestar… Por gusto, por salud, por disfrute”. “La leche materna es el mejor alimento para los bebés, pero dar el pecho no es siempre lo mejor”.
 La doctora nombra alguna de las dificultades asociadas en determinadas problemáticas, que hacen muy complejo y en ocasiones llega a imposibilitar dar el pecho a tu hijo/a, aunque no especifica otras como posibles problemas de salud de la madre, o estrés psicológico de ésta (asociado a problemas en el embarazo, la gestación, el parto, o en el bebé tras nacer éste).
Si todas esas madres considerasen la lactancia materna como la única buena opción para “darles los mejor” a sus hijos, a nivel emocional (ya no sólo alimenticio), estaríamos añadiéndoles una presión a su ya quizás estado psicológico-emocional complicado en esos momentos tan difíciles para ellas (y para los padres) y dificultando aún más que la dar el pecho sea aún más una labor muy estresante para la madre. Provocando que lo supuestamente mejor para el bebé no lo sea, pues lo realmente sano para éste, no depende del tipo de lactancia que se le dé, sino de la relación que se cree entre la díada mamá-bebé, y ésta puede ser muy saludable aún si no se le da el pecho (siempre que esa relación sea cuidada por la madre así como respetada por el entorno que rodea a ésta, tanto familiar como por los profesionales que la supervisan).
Así lo sentí yo, en el ámbito tanto del hospital, por todos sus excelentes profesionales, como después en casa, por mi magnífica matrona, que estuvo apoyándome, sosteniéndome, conteniéndome, en todo momento, ante mi deseo   de dar el pecho, durante semanas, hasta llegar a hacerlo igualmente, cuando tras éste intento , me ayudó a aceptar mi imposibilidad para hacerlo, y a transcurrir a la nueva decisión de darle el biberón, como si fuera el pecho, como había hecho hasta ese momento, pero ahora ya como algo “definitivo” (no intentándolo compaginar con  darle el pecho previamente, en cada toma). Mi sentimiento de culpa porque “algo no funcionaba bien en mí, en mi cuerpo” era algo que no estaba asociado al magnífico trato que recibí, ni a toda la ayuda, sino en gran parte a mi experiencia por tres embarazos previos en los que había perdido a mis amados hijos, y que continuó tras el parto, por esta gran frustración de sentir que me estaba perdiendo toda la experiencia de darle el pecho a mi hija, y no poder darle a ella “lo mejor”.
Así que no fue hasta superado este episodio, que pude darme cuenta, y ser del todo consciente, que la manera tan amorosa en que estaba dando el biberón a mi niña, como si fuera el pecho, estaba siendo igualmente maravilloso para nosotras, para mi hija y para mí, en cada toma, y cómo con estos preciosos encuentros, estábamos creando también nuestra bonita relación, …, hasta que posteriormente descubrí que el vínculo que habíamos coconstruido, juntas, era  inicialmente gracias a esta vivencia, y al magnífico apoyo de mi marido para hacerlo.
 
 
 
Os recomiendo  la lectura del artículo “El pecho no es lo mejor” , de la Doctora Ibone Olza, que os reescribo en su totalidad a continuación.

(Este texto es el primer capítulo de mi libro Lactivista, publicado por la editorial ObStare en 2013. Estaba colgado en otro blog pero hasta ahora no lo había publicado aquí. He considerado que era el momento de colgarlo, tras leer en los últimos tiempos algunos textos sobre el tema con títulos lamentables).

Hay madres que han intentado amamantar y lo han dejado a la semana del parto, con grietas en los pezones y dolor en el alma. Madres seropositivas que han optado por la lactancia artificial para excluir por completo la posibilidad de transmitir el VIH a sus bebés por la leche. Madres que sufrieron abusos sexuales en su infancia y a las que la sola idea de que el bebé succione su pecho les produce un profundo malestar. Madres anoréxicas o bulímicas a las que alimentar a sus bebés les supondrá un esfuerzo gigantesco y tal vez una recaída. Madres que son maltratadas en sus partos y que salen del paritorio anuladas y sin ninguna energía para poder sostener a sus bebés. Madres que adoptan y madres que consiguen serlo tras haber superado un cáncer.

 Son infinitas las razones por las que una madre puede decidir no amamantar y cada una de ellas merece el máximo respeto. Lo que verdaderamente necesitan todos los recién nacidos sin excepción es sentirse queridos, no sólo por sus madres sino por toda una familia o comunidad. Las madres siempre necesitan respeto, apoyo y reconocimiento.

Si amamantar se convierte en una obligación o en un mandato, apaga y vámonos. Si hay madres que se sienten criticadas, juzgadas o rechazadas por decidir no amamantar lo estamos haciendo mal las y los que defendemos las bondades de la lactancia materna. Cada madre sabe qué es lo mejor para ella y para su bebé. Las circunstancias pueden ser tremendamente complejas. Ha llegado el momento de que hagamos una reflexión profunda. El mensaje que estamos dando los que promovemos la lactancia debe ser cambiado, o al menos matizado.

Como lactivista me preocupa mucho que la defensa de la lactancia materna pueda hacer que las madres que no han dado el pecho se sientan mal, culpabilizadas o angustiadas por la salud de sus hijos e hijas. Decir que el pecho es lo mejor es señalar o culpabilizar de alguna forma a las madres que no optan por el amamantamiento. Cuando ponemos el superlativo, lo mejor, damos en cierto modo a entender por la disyuntiva que no darlo es lo peor. ¿Qué madre no quiere lo mejor para su bebé? En ocasiones lo mejor es enemigo de lo bueno.

 Entre el 2004 y el 2006 la agencia pública de Salud de la Mujer del Departamento de Salud estadounidense lanzó una agresiva campaña para promover la lactancia materna. Se centraba en alertar los riesgos de la lactancia artificial. La campaña se difundió en todos los medios y llegó a incluir imágenes de mujeres embarazadas subidas a un toro mecánico con el titular: “Nunca correrías esos riesgos embarazada, ¿por qué hacerlo una vez que el bebé ha nacido?” Joan B. Wolf, profesora de estudios de género en la Universidad de Texas realizó un análisis muy crítico de la campaña. Para ella esta se incluía en algo más amplio: la presión para la “maternidad total”. Una especie de código moral que presiona a las madres para que sean expertas en todo, en cada una de las dimensiones de la vida de sus bebés, comenzando desde el útero, renunciando a su individualidad o quedando reducidas a meras sirvientas cuya tarea principal consiste en proteger a sus criaturas de todos los riesgos. Wolf se preguntaba además si era ético provocar miedo y ansiedad a las madres para intentar que amamanten y cuestionaba las, según ella, presuntas ventajas de la lactancia materna, criticando la metodología de los estudios que le parecían poco rigurosos (Wolf, 2007).

Desde luego que angustiar o amenazar a las madres que optan por no dar el pecho no es la manera de promover la lactancia materna, sino más bien de enfrentar y dividir una vez más al colectivo de mujeres madres y probablemente a la sociedad. Dar el pecho no es lo mejor, pero sí lo normal (como bien dice en su blog la lactivista Patricia López Izquierdo ). La leche materna es el mejor alimento para los más pequeños, pero dar el pecho no es siempre lo mejor: a veces, por desgracia, es lo más difícil.

Hay un grupo de apoyo en internet para las madres que optan por la lactancia artificial. “Fearless Formula Feeder” es un grupo de apoyo en la alimentación de lactante, fundado por Suzanne Barston. Merece la pena escuchar a las madres que dan el biberón, como se han sentido juzgadas por algunos profesionales sanitarios o avergonzadas al dar el biberón en según qué lugares.

El problema es que hay muchos intereses ocultos que pueden condicionar la libre elección de las madres. El negocio que supone para la industria farmacéutica y alimentaria el mercado de la lactancia artificial es incalculable. Y esa industria tiene unos tentáculos alargados que llegan mucho más lejos de lo que se podría imaginar, de maneras invisibles o sutiles.

Para empezar, el negocio de la leche de fórmula campó a sus anchas durante la segunda mitad del siglo pasado erradicando casi por completo la cultura tradicional del amamantamiento.
“Formula feeding is the longest lasting uncontrolled experiment lacking informed consent in the history of medicine.”

O lo que es lo mismo: la lactancia artificial es el experimento más duradero sin grupo control ni consentimiento informado en la historia de la medicina. La frase es de Frank Oski (1932-1996), que fue catedrático de pediatría de la John Hospkins y editor de la prestigiosa revista Pediatrics. Todavía a día de hoy es difícil conocer las consecuencias a largo plazo de la introducción masiva de la lactancia artificial como manera de alimentar a los bebés a partir de los años cincuenta y sesenta en el mundo occidental.

 Eso generó que actualmente sean una minoría las mujeres adultas que han sido amamantadas en su infancia o que han visto lactancias gozosas en su entorno. Amamantar es mucho más fácil si has crecido viendo a muchos bebés y niños o niñas tomando el pecho en cualquier lugar, a todas horas y de cualquier manera. Intentarlo sin haber conocido de cerca otras lactancias puede ser muy difícil.
Por otra parte, aunque a menudo se ha mencionado la introducción de la lactancia artificial como uno de los avances que permitió a muchas mujeres la incorporación al mercado laboral, en realidad este supuesto avance tiene poco de liberación, y mucho de sumisión a una lógica capitalista que actúa en contra de los deseos de madres y criaturas.

Paradójicamente conforme avanzó la liberación de la mujer se incrementó la presión sobre el cuerpo de las mujeres. Lo que seguramente no tenga tanto de paradoja y sí mucho de lógica. Se trata más bien de un desplazamiento de la presión que la hace más sutil e invisible: ahora somos nosotras mismas las que interiorizamos y ejercemos la presión dañando “libremente” nuestros cuerpos. Como dice la feminista Naomi Wolf, “la dieta es el sedante más potente de la historia de las mujeres”. Y así en este mundo prácticamente todas las mujeres estamos expuestas diariamente a imágenes y mensajes que nos recuerdan que más delgadas, más altas, más rubias, más blancas, con menos pelos y menos arrugas estaríamos mejor…¿Quién puede pensar que en semejante contexto una elección como no dar el pecho sea siempre un acto de libertad? ¿Es realmente libre la mujer que elige ponerse implantes de silicona en el pecho para sentirse mejor, más aceptada o más deseada?¿O está por el contrario totalmente sometida a una cultura alienante que la anula diariamente de diversas formas sutiles y perversas? (Hablando de perversión, merecería la pena mencionar a los médicos que en vez de respetar el principio de no hacer daño de la medicina (“Primum non noccere”) operan a mujeres totalmente sanas recortando, amputando, mutilando o plastificando las carnes de sus órganos sexuales, ya sean los pechos o incluso los genitales externos).

 Sueño con un mundo en el que ninguna mujer odie su cuerpo. La presión actual sobre los cuerpos de las mujeres se ensaña especialmente con las madres: debemos borrar las huellas del embarazo cuanto antes de nuestros cuerpos.

 Ser madre hoy en día, en esta sociedad patriarcal y capitalista no es nada fácil. La presión, como decía, es brutal y al mismo tiempo invisible. Las portadas habituales de las revistas del corazón nos recuerdan los estereotipos más actuales: “Fulanita recupera el tipazo a las cuatro semanas de dar a luz”. Borrar las huellas del embarazo en el cuerpo, junto con una idealización ñoña de la maternidad, que infantiliza y simplifica al máximo la complejidad de un momento vital de intensidad absoluta. “Tengo un bebé muy bueno que duerme toda la noche”. “La experiencia más maravillosa de mi vida”. No caben las ambivalencias, ninguna mujer reconocerá públicamente las dificultades, las soledades, los miedos o los agobios normales en el puerperio.

 Escuchando cotidianamente a las madres compruebo lo difícil que puede ser la lactancia. Entiendo que muchas no quieran dar el pecho más allá de las primeras semanas o primeros meses. Me desespero al comprobar el escaso apoyo que encuentran las madres cuando tienen dificultades severas con el amamantamiento: las grietas, el dolor o la depresión raramente son tratadas eficazmente. Sí, te dicen que des el pecho pero casi nadie sabe cómo ayudarte con los problemas que con frecuencia surgen al inicio. Dar el pecho con dolor es terrible y síntoma de que hay un problema que diagnosticar y tratar.

 Igual que conozco de primera mano lo incompatible que resulta mantener la lactancia en la mayoría de los trabajos, lo ridícula que puede resultar incluso la hora de permiso por lactancia cuando no se pueden flexibilizar horarios o trabajar desde casa. Al capitalismo sin duda le beneficia que haya tantas lactancias que terminen abruptamente por un mal asesoramiento: más negocio de leche artificial, más demanda de antibióticos, más mercado de medicamentos para muchas enfermedades cuyo riesgo aumenta con la lactancia artificial.

Soy feminista y para mí eso significa entre otras muchas cosas defender y apoyar la lactancia materna: ser lactivista. Pero no como sacrificio ni como martirio, sino como fuente de placer y bienestar… Por gusto, por salud, por disfrute. La leche materna es el mejor alimento para los bebés, pero dar el pecho no es siempre lo mejor.

Ibone Olza

martes, 27 de octubre de 2015

El recuerdo de nuestros pequeños


                                          


  Sentada frente a mi ordenador, siento que estoy haciendo algo que necesito.
  Aún es octubre, un mes dedicado al recuerdo de los hijos perdidos durante la gestación, en su nacimiento o tras éste.

  Mi vida en un país de habla alemana, Suiza, me ha traído el mayor de los regalos, mi hija Sara, nuestra amada y deseadísima hija, la que llegó a nuestros brazos el pasado año.
  ¿Para qué esta entrada?. Necesito expresar a todas aquellas mamis y papis que me han seguido en mi blog, que el nacimiento de nuestra pequeña, no hizo que haya olvidado a mis bebés, mis queridos hijos que perdí, ni el hecho de no haber escrito todo este tiempo en este blog.
Sin embargo, el pasado año,  cuando fui de visita a España, en octubre, no pude asistir a un evento que en la localidad de Alicante, en recuerdo de estos pequeños hijos perdidos. El momento que vivía no me lo permitía, sentía que necesitaba celebrar la nueva vida, y aún sentía miedo de recordar las muertes de mis pequeños, de forma tan intensa, en un evento como aquél, tras años de dolorosos duelos.
 Hoy, por fin, puedo afrontar este momento, y deciros, comunicaros, que siento vuestras pérdidas, que lo siento de corazón, y quiero acompañaros en este momento, en que me lees, me leéis. Y también de forma muy sentida, me alegro de que hoy sí pueda ser, de poder afrontar este momento tan importante y decisivo para mí. No me he olvidado de vosotros, a pesar de que mi ausencia en estas páginas así pueda hacerlo creer.

 Etapa tras etapa, empiezo a sentirme de nuevo preparada, para acompañaros, a través de estas páginas, queridas mamis, papis, amigos, familiares de personas que tenéis un ser querido que ha perdido a su/s hijo/s y estáis viviendo un duelo o queréis acompañar a otra persona que está viviéndolo.
  Os envío un abrazo muy sentido,  mi recuerdo para vosotros y especialmente para vuestros pequeños.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Ante una nueva etapa


                                      



Hola a todos y todas los lectores de este blog.

Me alegra poder deciros que he retomado la escritura en mi primer blog sobre Psicología, GESTALTMAR, sobre Psicoterapia y Terapia Gestalt. Espero, igualmente, así poder hacerlo en este blog.

Aquí os dejo el enlace a ese primer post de vuelta a la vocación que tantas alegrías me ha dado, la Psicología.

domingo, 5 de mayo de 2013

Felicidades Mamás






Hoy es un día especial, muy especial para todas las madres.

Para las mamás que pueden disfrutar de sus hijos, jugando con ellos, enseñándoles, transmitiéndoles valores, compartiendo sentimientos y vivencias.
Para las mamás que llevan a su bebé en su vientre, y están deseando verles su carita, conocerlos, acariciarlos.
También para aquellas que han sufrido la lamentable pérdida de sus hijos, y en este día los añoran, echan a faltar poder llevar en brazos a su/s hijo/s y hacerles sentir amados, igual que ellas se sienten afortunadas de haberles concebido y dado su amor incondicional, sea por el tiempo que fuere. A vosotras, mamis muchas veces olvidadas, os invito a leer este bellísimo y sensible artículo titulado  " ¡Mi piel grita que soy madre! "

                                    

Si eres madre: enhorabuena, pues has conocido el amor hacia tu hijo, y la fortuna para él o ella de que eres su mamá. Si está a tu lado, te deseo que disfrutes de su compañía, de vuestros juegos, de su calidez, de su amor, de su presencia. Si no puede estar contigo, si por desgracia murió, y partió dejándote un gran vacío tras su pérdida, recuerda: hoy quizás necesites rodearte del resto de tus seres amados, para acompañarte y recordarle juntos, quizás eso pueda ayudarte, si tu entorno es comprensiva y respetuosa con tu pérdida.

Un lindo abrazo a todas las mamás. Mi sonrisa hoy es para ti, a ti que  has conocido el bello sentimiento de amar a tu hijo.

A mi Mamá:
Te Amo, te admiro, te valoro cada día un poquito más, te doy las gracias por estar ahí, acompañándome cada día, en las cosas buenas, para disfrutarlas juntas, y en las duras para hacérmelas más llevaderas. Te quiero con Todo Mi Corazón, ser tu hija es un orgullo y un honor para mí. Tu lucha, tu sonrisa, tu protección, tu amor tan grande hacia mí, tu apoyo incondicional, tu cariño, tus abrazos son un regalo para mí.  Me alegro de ser tu hija. Podría continuar diciéndote tantas cosas que he aprendido de ti y contigo, la entrega, la lealtad, la valentía, la pasión, ... ¡¡ Gracias Mamá !!. Esto es para ti especialmente :

                                         

martes, 19 de marzo de 2013

Felicidades Papás





                                                     Felicicidades Papá

                       por experimentar el inmenso amor de ser el padre de tu/s hijo/s,

                       por  educarle con tus propios principios  y valores,

                       por atreverte a ser un ejemplo para tu hijo,

                       por el apoyo y el amor incondicional que le brindas cada día,

                       por cómo enseñas a tu pequeño/a que equivocarse es sólo

                       una nueva oportunidad para aprender,

                        por tu paciencia, y tu acompañamiento sin prisas,

                        por cómo le animas a ir más allá con seguridad, sin miedo,

                        estando cerca para cuando te necesita,

                        por cómo estás a su lado, potenciando que crezca,

                        que desarrolle su potencial, se muestre como es y

                        llegue a ser quién desea ser él,

                        por cómo respetas su naturaleza de bebé, niño, adolescente o joven

                        y le acompañas a ser el adulto que un día llegue a ser.


Papá, te agradezco de corazón tu presencia, tu amor, tu cariño, tu protección, tus brazos cuando los tuve, incluso tu genio, que me ayudo a hacerme fuerte, tu esfuerzo por avanzar en tu vida, por darme siempre lo mejor. Te quiero Papá, tu recuerdo me acompaña allá donde vaya, tu ejemplo me ayuda a continuar mi vida, mi añoranza de ti me recuerda que te tuve.

Al Papá de mis hijos, te entrego todo Mi Amor, mi respeto por ti como persona y como Padre, y celebro la felicidad de ser tu compañera de vida en el camino que emprendimos Juntos. Tus hijos, nuestros hijos,  que no están presentes en esta vida, te recuerdan allá dónde estén (siempre en el corazón de sus padres), felices de haberte tenido como Su Papá. Tu niña mayor, que sí puede disfrutar de ti, de tus cuentos creados para ella, de tu paciencia,  de tus enseñanzas, de tu cariño, de tus abrazos, de vuestros juegos compartidos, de las canciones inventadas juntos, de tus bailes ... de Tu Inmenso Amor todos estos años,  tiene un Padrazo como ejemplo. Te Amo. 


Felicidades  a  Todos los Papás: aquellos que pueden disfrutar físicamente de sus hijos  y también a los papás que viven a su hijo en su recuerdo, pues en algún momento de la vida de éste, con su muerte, perdieron el disfrutar de la presencia de su hijo/a , de verle crecer, acompañarle, ayudarle, ilusionarse con él/ella, de poder compartir vivencias juntos ... 
Felicidades a los papás que esperan la llegada de su bebé. 

Felicidades a Todos los Papás, porque una vez se han convertido en Padres, ya nunca más dejarán de serlo.  


                        

lunes, 11 de marzo de 2013

Ser "buenas mamás" y "buenos papás" (Parte I)



                                                                   
Hace ya casi un año, en una conversación con un amigo que es colega de profesión, sobre la paternidad y la maternidad yo le decía que me preocupaba ser buena madre, y que por ello llevaba mucho tiempo leyendo, formándome en diferentes aspectos sobre crianza y maternidad. Él me decía que él no sabía si hubiese sido padre, si hubiese sido un "buen padre", de lo que sí estaba seguro es de que hubiese sido un padre muy cariñoso (de lo que estoy segura, pues es una persona que transmite mucho afecto a quiénes quiere). Recuerdo que me decía que antes era muy fácil ser padre: el padre que no se ocupaba de sus hijos a nivel educativo, ni afectivo, que sólo tenía que traer un sueldo a casa, y que dejaba el cuidado de sus pequeños a cargo de la madre. Que ahora los padres han de ser "buenos padres", sienten la necesidad de estar para su pareja, de compartir en casa (no ya ayudar a la mujer, sino compartir tareas en igualdad) de aportar profesionalmente, de estar al cuidado emocional de sus hijos, de no ser autoritarios (como en generaciones pasadas como la de su padre o el mío), que han de saber escuchar... 

Efectivamente, yo también considero que ésta no es una tarea, o no son tareas fáciles de compaginar y de desarrollar, menos cuando hemos sido criados por una generación anterior, con una forma de pensar, sentir, unos valores, y una forma de hacer totalmente diferente, en la que los padres lo eran más por su aportación biológica a éstos, que por su estar con ellos acompañándolos en su día a día.

Todo lo anterior me recuerda a un artículo que leía esta mañana, de CESIGUE GESTALT, en el que publican un artículo de 1.994, hablando de el "El nuevo hombre argentino (Parte I)", pero que bien podría estar refiriéndose no sólo al hombre argentino, sino a otros hombres del mundo occidental no hace demasiadas décadas. Artículo que me parece interesante especialmente por la reflexión que hace sobre la dificultad de adaptarse a los rápidos cambios de mentalidad. Quiero traeros aquí su última reflexión:



El rol masculino solía implicar responsabilidades y tareas bien delimitadas. Se daba por sentado que el hombre era el más fuerte de la pareja y se esperaba que actuase en consecuencia. No siempre era fácil, pero las condiciones eran claras. Hacia lo mejor que podía.

Se vuelve más complicado cuando el marido debe tener una profesión y ganar dinero, a la par que se le exige que sea más padre de familia que nunca. De su esposa se espera que trabaje y, con suerte, siga una carrera, pero sin dejar de ser a la vez tan madre como siempre.

¡Con razón la institución del matrimonio está en crisis!



La  conversación que os mencionaba mantuve con un compañero de profesión,  me viene ahora al recuerdo y se me hace más significativa a partir de un momento ... tras haber participado en la I Jornada de Actualización en Muerte Gestacional y Perinatal, al haber escuchado a Alejandro Busto Castelli, y al sentir la importancia de la paternidad en hombres de mi entorno personal, como por cuestiones profesionales. 

El hombre, en esta última generación, de personas alrededor de los 40 o 30 años, cuando forman una pareja, ha pasado a modernizarse, y asumir tareas diferentes, en la mayoría de los casos, que antes estaban reservadas especial o únicamente (en algunos hogares) a la mujer. Produciéndose así ya un cambio en el concepto de qué busca la mujer en un varón cuando piensa en el tipo de persona con la que desearía compartir su vida.

Además, en muy poco tiempo, la mujer también se ha modernizado. Ahora muchas de nosotras no somos exclusivamente amas de casa, sino que hemos elegido desarrollar una carrera profesional, e incluso después de haber tenido uno o varios hijos, también continuamos con ésta, sea por satisfacción y vocación hacia nuestra profesión, o por pura necesidad económica para mantener los gastos que se han generado al formar la familia. 
Posteriormente, cuando tenemos hijos, muchas mujeres no nos dedicamos única y exclusivamente solo a cuidarles. Y cada vez más mujeres buscamos parejas en las que el criar a nuestros pequeños, no sea sólo cuestión de la madre, sino que deseamos un padre activo, implicado emocionalmente, más allá de cambiar pañales, o de llevar el carricoche, o de que juegue con nuestro hijo. Es decir, buscamos un padre que quiera aportarnos emocionalmente a nosotras, que nos apoye en la crianza de nuestros hijos, que esté presente para nuestro hijo, que en el día a día pueda aportarle a nuestros hijos un vínculo especial y significativo, como el que nosotras desarrollamos desde el inicio, con nuestro bebé. 

Todo esto no es fácil. Conlleva un cambio de mentalidad, si anteriormente estos hombres, cuando fueron niños, no fueron educados así, a través de la presencia y el sostén emocional de sus padres, con la figura paterna como un referente de paternaje afectivo, seguro (no sólo como una figura de autoridad, cuando no de autoritarismo en algunos casos) y de crianza, les será difícil de repente, por tener a su hijo, convertirse en un tipo de padre en el que esta paternidad no se vea influida por la que él mismo recibió y por cómo fue él, cómo es él, como hijo de sus padres. 

Lo que os expongo arriba, me recuerda a dos artículos escritos por el Psicólogo Alejandro Busto Costelli, en su blog de Psicología CEIBE, el primero titulado "El perro verde. El rol del padre en la crianza". 

Más abajo os reproduzco este post, que recomiendo  especialmente por el visionado del vídeo que el experto ha colgado en esta  entrada, "En busca del perro verde. El papel de los padres dentro de la crianza respetuosa", con una conferencia sobre el tema, en la que habla de la existencia de tres tipos de padre y de ejercer la paternidad:
1) padres ausentes: que su forma de aportar es más a través de lo económico;
2) padres modernos o modernizados que cambian pañales, aportan un cuidado ocasional en darles el biberón, o en jugar con ellos, llevar el carrito, aunque en el fondo su motivación, no consciente, es más un reconocimiento social asociado a esta paternidad, y les queda aún para llegar a ser un tercer tipo de papas; 3) papás que están activa y emocionalmente implicados en su rol como padres: son el sostén emocional de las madres, el contenedor emocional de éstas, su figura de apoyo para poder ejercer una maternidad en la que éstas, las mamás, no se sientan solas emocionalmente, sino acompañadas por sus parejas, que son padres que apoyan activamente la lactancia materna a demanda, que están presentes emocionalmente para sus hijos, y que han hecho de la crianza paterna, de su paternaje, un rol esencial en su vida en el día a día de éstos, que disfrutan con su paternidad, totalmente implicados en la misma, que pueden disfrutar del colecho, como una experiencia que sienten maravillosa.


En cierta ocasión le ofrecí a una mamá que acababa de montar una ludoteca, la posibilidad de dar unas charlas o talleres a parejas, con el fin de ir promoviendo una cultura de crianza positiva, con apego, empezar a hablar de como construir autoestima sana en los niños.

El proyecto de esta ludoteca era y es hermoso, una Mamá que había esperado tres años largos para montar su sueño, un proyecto educativo distinto, alejado del concepto parking de niños, “usted vaya de compras, que nosotros se lo miramos”. Lo había hecho así, para ofrecer a su pequeña una lactancia prolongada, una presencia permanente, una madre comprometida con una manera diferente de hacer las cosas.

Habíamos llegado hasta allí buscando un lugar para compartir con nuestros peques sin tener que dejarlos solos, o mirarlos a través de un cristal como en la mayoría de los parques de bolas de Madrid.

Ella me agradeció el ofrecimiento, me miró y con mucho respeto me dijo que no le parecía muy procedente que un hombre diera estas charlas.

Pregunté algo tímido cual era la razón por la que ella opinaba así. Ella me explicó que sus clientas eran Mamás que en general no contaban mucho con sus parejas para la crianza. Ellas habían dejado sus trabajos, ellas buscaban lugares como esos, ellas llevaban y traían, ellas siempre ellas.

Me confesó con la boca pequeña que “el hombre” muchas veces era el enemigo. A mí me sonó fuerte, y siendo honestos diré hoy aquí, que me dolió.

Intente replicar, ofrecí el contundente argumento por lo menos para mí, que si precisamente un hombre hablaba a otros hombres de maneras diferentes de vivir la paternidad…me interrumpió.  -_Alejandro! Chico…es que tú eres un ¡perro verde! Acorralado mencioné a Carlos González... _ “pues ya sois dos” dijo ella con una amable sonrisa.

Recordé mi masculina soledad entre mujeres embarazadas, en cada ecografía que hicimos. Mi solitaria presencia entre mamás en las clases de estimulación temprana a las que llevamos a Nico y Candela, la cara de mis compañeros cuando les dije que dejaba el trabajo y me iba de excendencia con Olga y los niños… de pronto aquella Mamá tenía razón.

Estoy absolutamente convencido que sólo es una percepción, que hay muchísimos hombres que están viviendo la paternidad desde un lugar contracultural. Papás que lamentablemente viven proscritos por sus iguales, que a veces no encuentran los canales o se sienten raros, diferentes, fuera del sistema.

En mis cursos y talleres, cuando por mis comentarios y ejemplos, los participantes perciben que este psicólogo no les va a recomendar a Estivill ni a Supernanny, se acercan tímidamente a compartir su experiencia. “Creo que a ti, te lo puedo contar…”. “Tu si me vas a entender…” y comparten que duermen con sus hijos, que han sido parte activa de lactancias prolongadas, que les cogen y abrazan cada vez que lo sienten, que su vida gira en torno a sus hijos.

Me invade un profundo sentimiento de tristeza y rabia cuando compruebo que esta sociedad machista, resultadista y enferma arrincona a hombres y mujeres, a los que confunde con recetas mágicas de crianza, buscando perpetuarse una y otra vez, al servicio de multinacionales de leche en polvo y oscuras maniobras farmacéuticas.

Ese gusto por ser parte de lo que hace todo el mundo, ese gusto por no ser señalado, lleva a Mamás que lactan con hijos “mayores” a esconderse o taparse, a parejas que practican el colecho a ocultarlo y vivirlo con culpa, la misma estúpida inmovilidad que nos lleva a callarnos en ciertos hospitales, cuando nos roban el parto de nuestros hijos.

Así hemos permitido que resulte normal ir a dar a luz y que nos maltraten, nos cesaré en porque sí, rajen a nuestras mujeres y nos roben a nuestros hijos horas y horas, con supuestos criterios médicos, que incluyen darles biberón, calor de lámpara halógena y roce de cuna plástica, mientras su Mamá desespera en una innecesaria sala de reanimación (la mayoría de las veces) y su Padre deambula ridículo consumiendo café por las plantas del hospital. 

Madres y padres tenemos una gran responsabilidad en provocar un cambio social, un giro radical. Ellas lo están haciendo, inundan foros y blogs, están presentes en libros y conferencias. Difunden, protestan y con o sin sus parejas han emprendido ese cambio.

Sin embargo nosotros los hombres tenemos tarea. En nuestra mano está la posibilidad de ofrecer un referente modificador a otros hombres. Escribimos poco, asistimos poco a conferencias y talleres, trabajamos demasiado en otras cosas y seguimos siendo parte de la cultura que nos ha traído hasta aquí. Seamos honestos. Hemos sido los enemigos, los ausentes, los que pasábamos por ahí. Digamos basta. No llega con ser un Papá moderno que cambia pañales y da el bibi cuando se lo piden. Hace falta algo más.

Estos perros verdes que aparecen entres mujeres dedicadas en cuerpo y alma a nuestros hijos, muchas veces cansadas y superadas por la maternidad exclusiva, deben ser el apoyo y contención emocional necesario para Mamás en postparto, proactivos en la crianza y en la educación, defensores rabiosos de la lactancia a demanda y prolongada en el tiempo y activistas del colecho como una de la más maravillosas experiencias que la paternidad nos ha ofrecido. Dormir y acunar el sueño de nuestros hijos.

Rompamos las puertas de ese armario social y cultural, para recordar y recordarnos que en crianza y educación, el amor es la única estrategia. Sin recetas, sin métodos, con el corazón. La única y definitiva estrategia.



En otro artículo, aparte, os hablaré de dos puntos mencionados en este post: la lactancia materna a demanda, y prolongada en el tiempo y el colecho, para poder dedicarle un espacio específico a estos aspectos de la crianza, profundizar en ambas prácticas y revisarlas en determinados casos, no como formas de crianza  recomendadas a nivel genérico. 



El segundo de los artículos que os mencionaba de Alejandro Busto Costelli, hace referencia a la construcción de la identidad de padre. Aquí reproduzco parte del artículo "El otro nacimiento: Construyendo un Mapá", pues me resulta especialmente interesante lo que he destacado sobre su texto, referente a  cómo para construir la identidad de padre (también sería el caso de la madre), éste ha de cuestionarse primero el tipo de hijo que ha sido, que es, y cómo a partir de ahí tener en cuenta el tipo de padre que quiere ser. 
Resalto que para llevar a cabo  lo anterior  en ocasiones hace falta ayuda terapéutica, que permita al padre  contar con una guía profesional con la que trabajarse, cuando descubre bloqueos, asuntos inconclusos, o la persona se encuentra enganchada a necesidades no satisfechas por sus padres en su infancia, y que le hacen estar más pendiente de, aún de adulto buscar satisfacer éstas, que de poder asumir su infancia, elaborarla, y darle al hijo lo que quizás no recibió por ausencia/falta o cómo no darle aspectos que sí recibió y le fueron dañinos,  y que llegue a darse cuenta que es importante que su hijo/a sí lo reciba o todo lo contrario, y así comenzar a asumir su rol de padre (o de madre) una vez trabajadas las sombras que aparecieron asociadas a su paternidad (o maternidad).  
Os recuerdo el magnífico libro "La maternidad y el encuentro con la propia sombra", de Laura Gutman, y os matizo  que estas sombras no son sólo exclusivas de la madre al ejercer su maternaje, sino que un padre implicado activamente en la crianza de su hijo, también podrá necesitar trabajarse sus propias sombras surgidas a raíz de la asunción de su función de paternaje. 

Os transcribo los párrafos iniciales de esta entrada del Blog de Psicología CEIBE, como forma de invitaros a padres y madres, a reflexionar sobre el proceso de la formación de la identidad de padre (que irremediablemente influirá en la relación de padres en la pareja mamá-papá y en la satisfacción por parte de ambos miembros no sólo con su relación con su hijo, sino también con su pareja, ahora que además han pasado a conformar una familia o tríada familiar, si es el primer hijo). 


Estábamos a mediados de abril del año 2007, a poco más de un mes del nacimiento de Nicolás, nuestro primer hijo.
Yo me afanaba en los ratos libres que me dejaban los cursos, por arreglar el parterre del fresno centenario del jardín.

De pronto mi suegra que me miraba entre cansada y atónita me dijo: .-
“¿Por qué no dejas eso para las vacaciones que te van a dar ahora?”

El concepto vacaciones al que se refería mi suegra tenía que ver con que fui de los primeros “afortunados” Papás que gozó de 15 días de permiso de paternidad.

La respuesta me salió del alma: .- “¿Ah si? Y entonces quien se va a ocupar de Nico, ¿si yo soy el jardinero?” Con toda la naturalidad que le ofrecían años de cultura incuestionable me dijo: .-“tu mujer y yo”añadiendo un sonoro: .-“claro”.

Claro para ella, para mi suegro, la vecina octogenaria de enfrente y quizá para mucha gente, hombres y mujeres, de este y otros tiempos. Para mí: oscuro. Muy oscuro.

La anécdota no sólo me conecta con el rol de los Papás en la crianza y educación de sus hijos, un tema que ya abordamos en “El perro verde”, sino con mi propio desarrollo como Padre, es decir mi nuevo nacimiento.

¿Y entonces cuando nací? Hasta la llegada de Nicolás parecía fácil esa respuesta. Sigue siéndolo si atiendo a mi nacimiento como hijo. Hace 44 años nací como hijo de mis padres.

De la misma forma que tengo una guitarra hace muchos años y no soy guitarrista, el nacimiento de Nicolás  no me convirtió en Papá. Mi nacimiento como Padre es mucho más vago, quizá se comenzó a gestar meses después, al hilo de una reflexión de la Mamá de Nico y Candela.

(Al hablar de su mujer, Olga F. Carmona,  dice): Psicóloga brillante y Madre consciente, a raíz de mi enésimo cansancio, queja y falta de conexión con Nico, me dijo: .- “¿que es lo que estás esperando para convertirte en padre?”. Ante mi falta de respuesta y mi rostro, ciertamente de enfado, añadió que no lo iba a conseguir así como así,  si antes no cuestionaba el hijo que era. Saber que hijo fui, que hijo soy, para aprender a ser Padre. Dejar morir ese rol de medio hermano mayor de Nicolás, para nacer como Padre. Duro.

No, no me había convertido en el jardinero de la casa, pero tampoco en Padre.
No como me siento hoy, cerca de los 4 añitos de Nicolás y con mi Hada Candela revoloteándome y trayéndome una y otra vez a mi lugar.

Dicen que mi Padre nunca cambió un pañal, así que yo parecía haberle superado pese al desastroso primer intento con aquel meconio rebelde pegado al culo de Nico y a mis dedos. También superé el hito del baño y el darle de comer su puré y el de dormirle en brazos.

Y así pasito a pasito. Dormir juntos, aprender a respetarle como ser humano individual y diferente, preguntar que sentía cuando se golpeaba, en vez del manido .-“no ha sido nada”, cuestionar limites absurdos: .- “eso no se hace” y ni siquiera saber por qué.




*Nota : 
Con "buenas mamás" y "buenos papás", en el título de este post, me refiero al concepto de "madre suficientemente buena" de Winnicott y que yo aquí me permito la licencia de extrapolarlo a un posible "padre suficientemente bueno". Y lo uso como forma de introducir el concepto de una nueva forma de ejercer la paternidad, de forma activa, implicada emocionalmente, siendo el apoyo emocional de la madre, participando en la crianza afectiva del hijo o de la hija y convirtiendo este rol del padre en una función asumida voluntaria, conscientemente, y por tanto, poniendo toda su consciencia en ella. 
Es lo que Alejandro Busto titula en su artículo "El perro verde". Una nueva forma de paternidad, diferente, llevada a cabo por padres que efectivamente la ejercen, alabada y defendida sus parejas, y en ocasiones reivindicadas por otras madres, que sin disfrutar de ellas con su pareja, con el padre de sus hijos, la desearían y se la solicitan a éstos,  sin ser entendidas por ellos, en su necesidad de que así sea para ellas y para su hijo/a. 

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